María Antonieta Collins

“Hipócritas ecológicos” y su doble cara

¿Nos hemos preguntado cuántos de los que dicen defender un planeta más verde tienen en cuenta de veras la importancia de ahorrar energía?
¿Nos hemos preguntado cuántos de los que dicen defender un planeta más verde tienen en cuenta de veras la importancia de ahorrar energía? AFP/Getty Images

¿Cuántas veces ha escuchado usted el asunto de la importancia de ahorrar energía en bien del planeta? Siempre que va a comprar una estufa, refrigerador, aire acondicionado, lo que importa es saber cuánta energía ahorra; y, de acuerdo con lo que indique un papelito amarillo, pegado al aparato usted decide. ¿No es cierto?

No crea que me he vuelto loca, ni que los reportajes que hice sobre la marihuana legalizada en Colorado para Noticiero Univision me tienen “en algún viaje” de esos todavía, no.

Sucede que, cada vez que entro en una oficina, en un restaurante, en un mall, en una tienda, ¡tiemblo como marimba chiapaneca de puro frío! Esto no se debe a que desapareció mi colchón de grasita de cuando tenía 80 libras de sobrepeso. ¡Es por el aire acondicionado desenfrenadamente bajo que hay en todas partes!

Tengo que andar cargando un chal por donde quiera que voy. Pero no soy la única. Cuando lo comento con otras me dicen lo mismo: “¿Cómo entrar a cualquier parte, incluida la peluquería sin una pashmina, si el frío es terrible y, al salir a la calle, contrasta con el calor? ¡Lo único que provocan es que si no estamos abrigadas nos puede dar una pulmonía fulminante!”

Y me pregunto: todos esos negocios, donde el clima está regulado en 65 ºF y aun menos, y que pagan miles de dólares en cuentas de luz, ¿se han puesto a pensar cuánto ahorrarían si estuvieran de acuerdo con lo que muchos gritan a los cuatro vientos de ahorrar dinero y energía en bien de la ecología?

Una casi congelada empleada me cuenta más: “Hay que ver que las oficinas quedan con el termostato bajo día y noche, cuando ya no hay empleados. Resultado: que eso es un congelador, que bien puede servir para preservar carne en un supermercado, pero no donde se trabaja. Lo real es que muchos negocios gritan a los cuatro vientos que promueven ‘lo verde’, es decir, la ecología en bien del planeta, y en verdad no son más que unos hipócritas ecológicos”.

“¿Cuántos reciclan el papel y revistas y periódicos en las oficinas?”, me pregunta alguien. “Reciclarlo, pero en verdad hacerlo. Muchos ponen los contenedores, pero estos terminan en los botes de la basura y se proyectan como defensores del planeta”.

Mi amiga Miriam Wong, interviene: “Yo que ya casi no tengo pelo, tengo el cráneo y las ideas congeladas cada vez que en el supermercado paso por los lácteos y para qué hablar de la sección de alimentos congelados, donde abrir una puerta de esas para sacar algo, equivale a un viaje instantáneo al Polo Norte. Y es peor aún en los almacenes de descuento donde las neveras son enormes y, por tanto, las puertas para sacar los galones de leche, ¡son grandísimas y dejan salir una ola gélida al abrirlas!”

Peor aún con la otra categoría de “hipócritas saludables” y solo hablaré de unos: las cafeterías de los cines que anuncian “opciones saludables”. ¿Saludables las rositas de maíz, cargadas de sal y mantequilla? ¡Por Dios! Luego de dos o tres puñados en la boca, parece que uno se hubiera tomado un bloque de sal. Ah, pero eso se pasa tomando una botellita de agua que se vende junto a las sodas cada vez más grandes y con atractivos vasos.

¿Habrá un médico que les asesore a poner menos sal o por lo menos dar la opción saludable de tener palomitas sin sal y mantequilla para quien así lo quiera? A fin de cuentas si alguien las quiere saladas, perfecto, pero quienes no puedan tomarlas de esa forma también tienen derecho a otra opción. Ofrecerlas así en verdad que sería tener opciones.

No hacerlo, es ser parte de esa nueva categoría llamada hipócritas ecológicos y saludables.• 

mariaantonietacollins @yahoo.com

@CollinsOficial

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