María Antonieta Collins

¿Es la infidelidad cibernética una aventura ‘menos dañina?

De mujer a mujer

María Antonieta Collins

‘Mi esposo tiene una relación de sexo cibernético con otra’.
‘Mi esposo tiene una relación de sexo cibernético con otra’. KRT

Estoy en el salón de belleza de Leo Pérez, es domingo –porque trabaja de acuerdo con el horario del cliente– y disfruto que ese día podré tener calma y paz mientras trabaja con mi cabello atribulado con tanto trabajo. En esa reflexión me encontraba cuando suena insistentemente mi teléfono y es una amiga que me llama como si yo fuera su 911 privado, es decir, el sistema de emergencia.

Me preocupa que la escucho no solo angustiada sino también llorando. Le digo que la tengo por el speaker porque me están dando tinte en el pelo.

“Que lo oiga el mundo. Cómo no voy a llorar –me dice sumida en llanto– si lo que me pasa es algo inimaginable. Resulta que, a pocos días de San Valentín, mi marido me ha dado –como diría la canción de Paulina Rubio– un “golpe en el corazón”. Yo, que soy tan romántica y confiada, no pudo creer que esto me esté pasando”.

Leo deja de cortar el pelo para escuchar aquello:

“Había notado que mi esposo por las noches, antes de irnos a dormir, se levantaba y me decía que tenía que verificar unos correos que le mandarían de la oficina y que eran urgentes. Lo hizo tan a menudo, que, luego de meses de dudas, algo en mi interior me decía que eso no era normal, toda vez que en ocasiones yo me quedaba dormida esperándolo porque el pasaba largo tiempo ‘trabajando’. Hasta el día en que no sé si hice bien en investigar... quizás hubiera sido mejor ignorar lo que sucedía”.

Le pedí que fuera más explícita. “Resulta que él estaba tan abstraído con el correo electrónico, que ni siquiera se dio cuenta que llegué y me puse detrás, para ver lo que tenía en la pantalla. De primera intención como no me sintió llegar siguió en un diálogo intenso, hasta que abrí la boca para preguntarle, quién era Doris la mujer con la que se comunicaba”.

Al verse descubierto, el esposo no logró ni cerrar la pantalla y dejó al descubierto la conversación que sostenía con una mujer que no era su esposa.

“De inmediato me puse a leer y, para mi sorpresa, y con el corazón palpitante, comprendí que aquello era puro sexo cibernético. En realidad no había imágenes, pero, ¿para qué las necesitaban? Si lo que se decían de un lado y del otro era más que gráfico”.

Como todos los infieles sorprendidos in fraganti este negó lo innegable hasta que, sin saber qué hacer se rindió ante ella. “Está bien –le dijo–. Es otra mujer, lo acepto, pero esto no es sexo real, por tanto, no es infidelidad. Es solo una ilusión que en muchas ocasiones los hombres necesitamos. Nunca la he visto en persona. Hace un par de meses que eso comenzó como un “juego”. Sabe que soy casado y esta es la forma menos dañina de vivir una aventura.

Le pregunto a ella que si cree esa explicación, se queda callada y eso me dice que no la cree. Interviene Leo, el peluquero, que sin quererlo tuvo que escuchar la confesión.

“Yo solo tengo una cosa que decir: ¿Cómo que no es infidelidad porque es sexo cibernético? La intención es total y real. Existe. Lo que hicieron por internet no es mentira. Más claro. La policía que investiga la pornografía infantil y delitos relacionados, ¿qué hace? Se inscriben como menores o mujeres y así son el anzuelo para esos depredadores. Nunca han tenido sexo con ellos, pero tienen la evidencia de que los individuos tienen la total intención de hacerlo. Con eso basta para mandarlos a la cárcel”.

Le digo eso a mi confundida amiga, quien ahora llora porque sabe que el suyo sí es un infiel cibernético y tendrá que tomar cartas en el asunto. ‘¿Y San Valentín?’, pregunta. Le digo que eso tendrá que esperar para otra ocasión.

mariaantonietacollins@yahoo.com

@CollinsOficial

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