María Antonieta Collins

Cuando las cosas parecen perfectas surge la duda

De mujer a mujer

María Antonieta Collins

Leo Pérez, estilista de cabello que amanecía todos los días en Iron Addicts para mantenerse en forma.
Leo Pérez, estilista de cabello que amanecía todos los días en Iron Addicts para mantenerse en forma. MA Collins

El despertador del estilista de cabello Leo Pérez funcionó como cada día: a las 5 a.m. A las 5:30 a.m., Leo diariamente hacía una rutina que por nada del mundo perdía: iniciar el día en el gimnasio Iron Addicts. El sitio abría desde la madrugada para todos aquellos que querían hacer ejercicios sin importar la hora, pero ahora todo cambió.

“Yo estaba haciendo squads en la máquina mientras escuchaba a Rocío Jurado, cuando vi a un hombre vestido de camuflaje de guerra y armado hasta los dientes a mis espaldas. El hombre gritó: “¡Todos a la pared! A los 10 segundos, había unos 20 hombres armados”.

La mente de mi amigo voló: “Seguro es un ataque terrorista –pensó aterrado–. El hombre nos gritaba que no tocáramos el celular”. Le pregunté: “¿Por qué pensar en un ataque terrorista ahí?” “El gimnasio está muy cerca de un centro y un cementerio hebreo, en la 31 Ave. del NE y la 17 Calle cerca del downtown de Miami. Entonces pensé que alguien estaba atacando al centro”.

La realidad es que lo que sucedía dentro del gimnasio era otra cosa. “Pronto vi que el chaleco antibalas del agente que nos custodiaba decía DEA (Drug Enforcement Administration); y le pregunté: ‘¿Esa es la división antidrogas?’ El hombre me dijo: ‘Sí’. ‘Ah, ¿entonces no es un ataque terrorista?’ ‘No, los estamos custodiando a ustedes. Esta es una operación antinarcóticos’”.

Ahí Pérez perdió el aliento, pero se calmó. “Entonces –dije–, no tengo que ver nada con esto, así que solo queda esperar instrucciones. Llegó una agente gritando: ‘¡Vamos hacia arriba!’ y vi que entraban con equipos de construcción a tumbar paredes y puertas y los estruendos de lo que sucedía arriba eran espantosos. Poco después, varios bajaron cargando archivos y escuché cuando dijeron: ‘Ya pueden dejar ir a los que no están involucrados’”.

Leo recuerda haber respirado con tranquilidad al saber que se podía ir. Su compañera más cercana era la mujer de la limpieza del gimnasio que lloraba desconsolada. “Después nos llevaron a los baños a recoger lo que teníamos en las taquillas y tomaron fotos de las identificaciones. Uno a uno salimos escoltados por agentes que nos llevaron hasta nuestros autos”. La agente les dijo: “¿Alguna pregunta?”

“Sí, ¿podemos venir a entrenar como siempre?” La agente rio por primera vez. “Me temo que no. Este gimnasio termina aquí”.

“Cuando salimos había dos camiones inmensos de mudanzas profesionales. Ahí se llevaron todo. Hasta el último equipo. Lo que nos noqueaba era la realidad que nos enteramos más tarde: había sido una operación contra el tráfico de esteroides valorados en diez millones de dólares, ¡que se realizaba desde ahí!” Le informo que era una operación nacional de trafico de esteroides que estaban investigando federalmente desde 2015 y que en Miami involucró a 10 personas.

“Nunca imaginé que ahí pasaba algo así. Nunca vimos nada fuera de máquinas de ejercicio y entrenadores. Para mí era el gimnasio perfecto: mujeres y hombres con cuerpos perfectos, todos clientes de un sitio que nos hizo vivir una película de terror. Esto parecía la captura de Osama Bin Laden”.

La tristeza no fue solo para Leo, por perder el gimnasio de sus sueños. “La mujer de la limpieza lloraba desconsolada. Había dejado un trabajo anterior para limpiar en este. En el otro sitio trabajaba largas jornadas y le pagaban muy poco; hoy la pobre mujer está sin empleo y peor aún, sin esperanza de que le paguen lo que trabajó”.

Leo tiene una reflexión final: cuando las cosas son tan perfectas, siempre hay que dudar. Y estoy de acuerdo con él.

mariaantonietacollins@yahoo.com

@CollinsOficial

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