María Antonieta Collins

Increíble historia en la Aduana del aeropuerto: ‘fíjese bien en la tecla que aprieta’

De mujer a mujer

María Antonieta Collins

Tengo el beneficio de Global Entry que agiliza la llegada a Estados Unidos.
Tengo el beneficio de Global Entry que agiliza la llegada a Estados Unidos. el Nuevo Herald

Como me la paso viajando por una bendición de mi trabajo, en esta ocasión, y con la psicosis que vivimos muchos hispanos, al llegar de regreso desde una asignación en México, tuve tiempo para pensar en situaciones que podrían ocurrirme. En realidad, no era una situación improbable. Dos días antes, precisamente en Miami, a la llegada de otra asignación, esa del Medio Oriente, me había tocado una revisión “al azar” (que suspicaz, no creí tan “al azar”) y de la que rápidamente salí toda vez que el oficial de aduanas vio que se había equivocado con quien pensó que iba a tener problemas que resultaran en algo que me descubriera.

Luego de minutos y de darse cuenta que yo estaba en paz con su revisión, me dejó ir. Pero esta vez tuve un mal presentimiento y me dije para mis adentros: “¿Qué hago si en plena era antimexicana, me tratan mal al entrar por el aeropuerto?” ¿Qué haría? Ahí comenzó esta columna. Tengo el beneficio de Global Entry que agiliza la llegada a Estados Unidos. Así que de inmediato me dirigí a la máquina e inserté mi pasaporte.

Olvidaba decir que en el último viaje pesqué una gripa terrible y hasta perdí la voz. Me sentía muy mal cuando estaba frente a la computadora aquella que le toma fotos a una y que, para agilizar el trámite, a la serie de preguntas le añade un botón de: “sí o no a todas las preguntas”.

Tal y como siempre lo hago desde el año 2012 en que tengo este privilegio, apreté la tecla y rápidamente me entregó el pase de salida. ¡Grande fue mi sorpresa al ver que una inmensa cruz tachaba aquel papel y me pedía con urgencia que me reportara ante un oficial de aduanas!

“¡Lo sabía! –me dije–. ¡Sabía que algo iba a pasar y esto es discriminación! ¡Seguro que vieron que la semana pasada estuve en el Medio Oriente y esta vez en México y me van a ligar con algo malo! ¡Ahora síque lo es! No podrán decir que fue “revisión al azar”. Cuando me tocó el turno de entregar el papel, el oficial de apellido Hernández me miró fijamente.

“¿Cuánto dinero trae por encima de los $10,000?” “¿En qué granja o rancho estuvo?” “¿Qué tipo de armas trae? ¿Qué tipo de viaje hizo?”

Lo miraba incrédula hacerme aquel cuestionario, repitiéndome para mis adentros, Collins, esto es solo por tu mexicana apariencia. El inspector correctamente seguía preguntándome: “¿Mercancía para importar?” “¿Material médico de células?”

Mientras lo escuchaba creía que el hombre se había vuelto loco. Reteniendo mi pasaporte me dijo que esperara a un lado mientras recibía los papeles de los viajeros expeditos de aquella línea, y que después me llevaría a otra línea. Minutos más tarde, me condujo ante otro inspector y le dijo algo que no escuché. Después se marchó cordial, no sin antes darme una guía: “Señora, por favor, fíjese bien en la tecla que aprieta. Ha puesto usted Sí en todos los renglones de las respuestas importantes y sensitivas que hacemos. Tenga cuidado. Aquí tendrá que dar explicaciones”.

Poco después el otro oficial, comenzó a preguntarme: “Cuánto dinero trae por encima de $10,000? ¿Qué hizo en el rancho en donde estuvo? ¿Para qué necesita las armas de fuego?”

Conteniendo la risa me explicó: “Tengo que preguntarle todo esto, porque usted apretó el botón incorrecto y nos dijo que trae de todo, armas de fuego, municiones, tejidos médicos, mercancía para importar, dinero superior a lo permitido, que anduvo por ranchos”.

Yo también quise reírme de mí misma. Le expliqué que ni traía más dinero que la cantidad permitida, que no había estado en ningún rancho y que no traía ni armas ni municiones. ¡Mi asignación había sido en una iglesia!

El joven oficial rio de buena gana y, tal y como le hablaría a su madre o a su abuela, me recomendó fijarme bien en la tecla que aprieto. Se lo prometí. Esta columna, por tanto, no es por la discriminación que creí sufrir… ¡sino la bienvenida a mis próximos 65 años de edad!!! ¡Ay, Ay Ayyy Twitter!

mariaantonietacollins@yahoo.com

@CollinsOficial

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