María Antonieta Collins

La pajarita carpintera y la palmera hueca

La pajarita, con su cabeza rojo naranja y colorido plumaje, era muy activa.
La pajarita, con su cabeza rojo naranja y colorido plumaje, era muy activa. MA Collins

Este año una de las palmeras plantadas en casa se enfermó y murió. Decidí no remover el tronco porque me di cuenta de que podría servir de adorno y Carmela lo utilizó para colocar sus queridas orquídeas trepadoras de manera que la palma seguiría adornando. De pronto, los gritos de Carmela –quien cuida de las cosas en casa– me hicieron salir corriendo para ver qué sucedía.

“Corra, doña, que unos pájaros carpinteros están haciendo su nido en la palmera hueca. Son preciosos, la pajarita cavó un hueco en el tronco y parece que se va a quedar. Entretanto canta tan bonito que tiene que verla. Es preciosa”.

Salí apresurada a presenciar aquella maravilla de la naturaleza, sabiendo que solo verla en casa era un verdadero regalo. La pajarita con su cabeza rojo naranja y colorido plumaje era muy activa: estuvo todo el día abriendo un hueco circular para que fuera la entrada de su nidito. Era una maravilla verla, mañana, tarde y noche; ella estaba muy ocupada en su tarea, siempre observada, desde otro árbol cercano, por el macho, quien iba y venía a la palmera trayendo también materiales para el nuevo hogar.

Tanto era el ir y traer, que se me ocurrió subir videos en mi cuenta de Instagram que, para mi sorpresa, rápidamente alcanzaron miles de vistas. La gente quería saber más y más de la pajarita carpintera y yo decidí seguir reportando la historia. Un par de días después… ¡ups! Una serie de ruidos de pájaros, ruido que iba en ascenso hablaba de problemas visibles en aquel paraíso. Carmela vino a avisarme que un intruso estaba en el tope de la palmera tratando de hacer “pleito ranchero” contra los carpinteros.

“Es un pájaro gritón, un acosador prieto y trata de espantar a la pajarita. ¡Corra que hay que alejarlo!”

Me di cuenta de que, efectivamente, se trataba de un pájaro color café, que tenía también pareja y que, fanfarrón en su más pura expresión, graznaba de forma descontrolada queriendo espantar a la pajarita para quedarse con la palmera que los carpinteros habían encontrado antes que él.

Entre Carmela y yo los espantamos, al mismo tiempo que hicimos otra transmisión en Instagram, y los que la vieron hacían preguntas. La gente comparaba las situaciones de la vida real con aquello que ocurría en el mundo de las aves. Yo pensaba que, al final de cuentas, aquello terminaría con la partida del intruso, corrido a picotazos por el carpintero macho que estaría defendiendo su nido, construido con tesón durante 48 horas por él y su pareja.

El pleito y la defensa del sitio estaban en su apogeo, con Carmela dispuesta a espantar a los invasores. Tuve que irme a trabajar porque la batalla se prolongaba demasiado. Al llegar, encontré a Carmela muy triste, y me dio “el parte de guerra”.

“¡Se fueron los pájaros carpinteros y el pájaro prieto se quedó con el lugar! El prieto esperó a que estuviera la casa lista para ahuyentar a los otros y quedarse con el nido. Nadie sabe para quién trabaja. Ahora va y se para en lo alto de la palmera y desde ahí observa el panorama. Cuando el pajarraco quiere descansar se mete por el hueco que es la puerta que hizo la carpintera con tanto tesón. Y el “prieto abusivo” ya tiene casa. ¡No es justo!”

Estoy de acuerdo con Carmela y me siento desilusionada: yo estaba segura de que los malos se irían y el bien triunfaría. Aunque quizá los carpinteros fueron pájaros pacíficos con gran sentido común y decidieron evitar el pleito para buscar otro sitio donde ser felices. Si fue así, que estén en paz. Por lo pronto, yo estoy lidiando con el fanfarrón pájaro inquilino ¡que ha decidido vivir en mi palmera hueca!

mariaantonietacollins@yahoo.com

@CollinsOficial

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