María Antonieta Collins

Cuando la falta de respeto llega al abuso

Los ancianos deben ser tratados con amor y respeto.
Los ancianos deben ser tratados con amor y respeto. www.jupiterimages.com

Con frecuencia, mi amiga Diana sin saberlo, casi cada vez que me llama para contarme lo que le ha pasado termina surtiéndome de historias que se convierten en columna. La última se caía de la mata. Yo no entendía qué le pasaba porque la escuchaba alterada, cuando poco antes me había dicho que se iba a una tienda de buenos descuentos en la ropa, y resulta que media hora después de haberse ido tan feliz, estaba furiosa.

“¡Ay, Dios mío! Y pensar que dicen que el abuso solo ocurre a mujeres y niños y lo que he presenciado por parte de un hijo bastante mayor y de su esposa, hacia la madre del hombre, ¡no tiene nombre!”

Preocupada, le pedí que me contara porque parece ser que la indignación le subió la sangre a la cabeza. “Estaba en la fila para pagar, cuando de pronto vi la forma en la que un hijo de unos treinta y tantos años, más bien rayando en los cuarenta, insultaba a su madre ahí en la cola de pagar. La señora, una mujer mayor que cuidaba de su nieto pequeño, hijo de su hijo, revisaba unas playeras que alguien dejó en los estantes de la caja. De pronto, una forma grosera y despectiva de hablar de alguien llamó mi atención (y la de quienes estábamos ahí)”.

“Pero mamá, ¡deja eso! mujer, ¡deja de ver esa m…!”

La abuelita siguió viendo las playeras, lo que provocó que su hijo se enfureciera. El hombre se le acercó y le arrancó de las manos las playeras al tiempo que le decía: “No porque las mires, le van a bajar el precio. Deja esa m… ¡eres bruta, p... ja”.

Diana dice que los insultos eran horribles e inconcebibles. “Estuve a punto de meterme en el pleito y pedirle al hombre que no le hablara así a la señora, pero en verdad me dio miedo, porque entró en escena otro personaje. Era la nuera, esposa del hombre y madre del bebé que la anciana cuidaba. También esta le habló con altanería.

“Mira, ¡ya lo hiciste enojar!, ¡ahora me lo tengo que calar yo!”

El niño, que estaba con la abuela, comenzó a gritar y la madre de este, gritando también, se dirigió a su suegra que seguía revisando cosas, como si nada sucediera: “Deja de ver esa m… y cámbiale el pañal al niño”. La abuela se llevó al bebé de la fila, pero no dijo nada ni al hijo ni a la nuera, lo que hacía peor aquel episodio.

“Mi hija de 13 años estaba impresionada. Cuando salimos de la tienda donde todos estábamos impactados me dijo: ‘No te preocupes mamá, yo nunca te trataría así’. Mi instinto de conservación me hizo responderle de inmediato: ‘Jamás podrías hacerlo porque yo te daría una bofetada para que respetaras a tu madre’”.

Reflexiono con Diana sobre lo terrible del maltrato que presenció y también sobre el hecho de que los dos únicos hombres en la cola para pagar, tampoco se atrevieron a enfrentar al bravucón y cobarde hijo.

“Yo pensé –siguió explicando Diana– si ellos no lo hacen, mucho menos yo puedo reclamarles, porque la cosa pudiera haber terminado mal. También me quedé sorprendida de que el tipo no parara en seco a su mujer por hablarle con tan poco respeto a su madre. Y de la anciana señora, pero aún. ¿Cómo es posible que su hijo y nuera la humillaran de esa forma y que ella no se defendiera y les exigiera respeto?”

Lo cierto es que nadie le dijo nada a aquel mal hijo, y que nadie intentó parar la triste situación y decirle al malagradecido hijo: “Oye, no trates así a tu madre”.

La pregunta es: ¿Por qué algunos padres les temen a los hijos? ¿Por qué hay que soportar ese trato indigno? Y de esto –diría el Chapulín Colorado–. ¿Quién puede ayudarnos?

mariaantonietacollins@yahoo.com

@CollinsOficial

  Comentarios