María Antonieta Collins

Fotos íntimas: ¿moda o vulgaridad?

Es preocupante que hoy en día todo el mundo quiera exponer a los cuatro vientos sus intimidades.
Es preocupante que hoy en día todo el mundo quiera exponer a los cuatro vientos sus intimidades. KRT

Estaba de lo más relajada en el salón de belleza de mi amigo Leo Pérez, cuando, de pronto un grito me provocó curiosidad. “Ay, ay, ay”, decía Gillian Mousse la socia de Leo, mientras peinaba a una clienta. De inmediato, advertí que Gillian solo abría los ojos tan grandes como podía, mirando hacia el teléfono de la clienta.

Resulta que la mujer gritaba animada por algo que le había enviado el novio a su celular. No me pude abstraer ni de la plática ni de lo que Gillian hizo. La escuché decirle a su clienta: “No gracias, no necesito esa información”.

Pronto, la clienta se fue y quedé a mis anchas para preguntar qué había sucedido. “¿Qué pasó? –dijo Gillian–. Más de lo mismo: novios que les envían a sus chicas fotos de sus partes íntimas”.

“¿Cóoomo?”, pregunté sorprendida.

“Como lo oyes. El novio le mandó la foto de sus partes y ella, riendo a carcajadas, quería compartirla conmigo; pero le dije que no, que no me enseñara nada porque yo no necesitaba esa información. Quería mostrarme la foto y contarme todo lo que el novio puede hacer. Me puse roja como un tomate, le dije que esas eran cosas muy privadas”.

“Es la moda entre los jóvenes, en especial, de las mujeres –terció el estilista Leo Pérez–. Ahora se retratan las partes íntimas, tanto hombres como mujeres y se las envían a sus parejas. Lo que no saben es que en su mayoría las mujeres, de inmediato hacen alarde de lo que ven y lo muestran a todo el que quiera verlo”.

“Aterrador –dije–, insultante”.

“Y hay más. La gente asegura que es una moda”. “¿Moda? –pregunté–. Lo real es que más que moda, es vulgaridad”.

¿Por qué lo hacen? Por una simple razón. En una sociedad de competencia como la que vivimos y donde todos quieren mejor casa, mejor carro y mejores ropas que las del vecino, las chicas quieren el novio mejor dotado del planeta, y exhiben las fotos íntimas que el novio les envía, para ganarles a las otras con la burda propaganda.

Lo peor es que ninguno de los dos usa el sentido común. ¿Cómo no se preguntan: ¿qué pasaría si esas fotos llegan a la manos indebidas? ¿Que sucedería si se extraviara el teléfono y las fotos salieran en primer plano a quien lo abriera? O ¿qué sucedería si la dueña del teléfono está mostrando fotos a sus jefes sobre un tema profesional y de inmediato salta aquella pornografía barata?

“Nadie parece pensar en las consecuencias. Es chocante. Para las jóvenes, inexplicablemente, esta es una moda; quieren decirles a otras: ‘Mira lo que me estoy comiendo’”, añade Gillian.

Leo no resiste más y dice: “Eso es vulgaridad, piensan que en las redes sociales eso es trendy, pero en realidad es vulgar y falto de delicadeza. ¿Dónde están la privacidad y el recato?”

“¿Por qué sucede esto en un salón de belleza?”, pregunté. Y Gillian me respondió: “Este es el sitio donde se desinhiben, como lo harían con el psiquiatra y, lo que no se atreven a decirles a otros, se lo dicen a su peluquero”.

“Es una locura –dijo Leo–, además, quizás no es más que puro alarde; aunque preocupa que hoy en día todo el mundo quiera exponer a los cuatro vientos sus intimidades y la realidad es que ya no hay límites” .

mariaantonietacollins@yahoo.com

@CollinsOficial

  Comentarios