María Antonieta Collins

Un milagro para José Luis

José Luis estuvo 3 años y medio durmiendo sentado en una silla de madera que le hizo un amigo, porque acostado se le dificultaba respirar.
José Luis estuvo 3 años y medio durmiendo sentado en una silla de madera que le hizo un amigo, porque acostado se le dificultaba respirar. MA Collins

Un tweet del 4 de marzo decía: “Le pido a Dios que me dé la oportunidad de vivir una vida normal y no me escucha, tú lo lograste, ayúdame por favor”. El mensaje parecía perdido en las redes sociales.

Diabético, indocumentado y sin posibilidades de pagar una cirugía bariátrica, la operación de la manga gástrica era su gran opción, porque el páncreas aún le funcionaba a pesar de la diabetes. José Luis, de quien guardo por razones obvias el apellido y el sitio donde vive, lleva 13 años inyectándose 155 unidades de insulina tres veces al día y los riñones no tardarán en empezar a sufrir daños.

“El día que mi doctor –Michael Martínez, del Doctors Hospital at Renaissance en Edinburg, Texas– me dijo que tenía que hacer algo urgente porque la diabetes iba a terminar con mi vida, le pedí a Dios una señal. Yo sabía que heredé los genes de la familia y con ellos la tasa de mortalidad de todos ellos, desgraciadamente la salud en este gran país está condicionada solo a quien pueda pagarla y en mi caso no aplica esa condición. No tengo dinero para pagar la cirugía y solo me quedaría esperar a muerte”.

Los médicos, viendo la situación, le recomendaron usar oxígeno porque respiraba con mucha dificultad. “Llevo 3 años y medio durmiendo sentado en una silla de madera que me hizo un amigo mío, porque se me dificulta respirar y todo el tiempo estoy agotado, pero lucho a diario al salir a la calle”.

El mayor esfuerzo que hacía era salir a los restaurantes a tocar con su guitarra por las propinas de la gente y, con eso, ayudar un poco en la manutención de su familia y también para comprar sus medicinas. Pero tiene una deuda médica de cuatro mil dólares.

Las preocupaciones de José Luis no son en vano. Todos sus tíos paternos murieron por complicaciones de diabetes. Su padre, su madre y un hermano, también.

La edad promedio para morir en su familia es a partir de los 50 años y el 7 de junio pasado José Luis cumplió 50 años, algo que lo tiene aterrorizado porque es como una cuenta regresiva. “Cada día que despierto le doy gracias a Dios por permitirme vivir, ya que siempre que duermo lo hago con el temor de no volver a despertar, como le pasó a mi madre que murió mientras dormía. Pienso en lo que le puede pasar a mi esposa y a mis hijos si les falto y lloro de impotencia”.

He hecho dietas y ejercicios sin éxito. Lo peor es que he pensado pedir ayuda a la gente en las redes sociales, pero mi situación migratoria me mantiene en el anonimato”.

Al saber esto, el programa Primer Impacto hizo una historia sobre su vida y milagrosamente todo cambió.

Alberto Kreimerman, un empresario de McAllen, Texas, se conmovió con la historia. “Me pagó la operación, análisis, estudios de laboratorio, todo lo que necesitaba médicamente; y después me dará ayuda en la recuperación a pesar de que ha gastado $23,000. Y, además, me da apoyo de $300 semanales para la alimentación. Lo hace de su propio dinero en una ayuda personal que no tengo con qué pagar”.

Ha recibido también donativos de varias partes, y algo que nunca imaginó: Bargain Furniture, una mueblería de su localidad y sus propietarios, Marisela Galo y su esposo Yacoub Lawani, vieron el reportaje y publicaron una pregunta en su Facebook: “¿Hay alguien que conozca a este hombre?”

“Una prima mía les respondió y les dio mi número y ellos me regalaron un sofá reclinable de piel, todo eléctrico con masaje. La dueña de la mueblería me dijo que si dormía sentado, quería que por lo menos durmiera cómodo.

Hoy José Luis vive su milagro, porque ya fue operado en el sur de Texas gracias a un hombre generoso: el empresario Kreimerman que le dio como regalo tiempo de vida. Por lo pronto, José Luis hoy lucha feliz. “Jamás desfalleceré, nunca cejaré en el intento, solo la muerte me detendría y sigo luchando para no verla pronto”. Lo que ha visto es un milagro.

mariaantonietacollins@yahoo.com

@CollinsOficial

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