María Antonieta Collins

Santa empieza a iluminarse en julio

Las luces serán unicolores porque solo foquitos verdes o rojos los iluminarán oficialmente el día que el parque abra.
Las luces serán unicolores porque solo foquitos verdes o rojos los iluminarán oficialmente el día que el parque abra. MA Collins

Pasé como todos los días por el Palmetto y el Tropical Park al salir del trabajo. Debo confesar que me encanta ver el paisaje de los lagos y, si la vista es en domingo, mucho mejor porque gozo con las familias que andan por ahí en día de campo alegrando el panorama.

De pronto, hace unas semanas, en medio de mi agradable rutina, miré hacia el parque en una conocida zona (tal y como me sucediera en años anteriores), di un grito más grande que el que di en otro año, ya que lo que vi provocó esa inesperada reacción.

Fue tal mi desconcierto al ver lo que estaba ante mis ojos que, de la impresión tuve que hacerme a un lado del Palmetto mientras buscaba desesperada mi teléfono celular para verificar la fecha que decía el calendario digital del aparato: comprobé que eran los últimos días de julio. No me equivoqué en la fecha, ni lo que vi era alucinación, no. Respiré con alivio.

¡El Santa’s Enchanted Forest ya estaba siendo iluminado, es decir, comenzaban con las pruebas para encenderlo pronto! ¿Qué significa eso? Muy sencillo, que el año 2017 está próximo a terminarse y que hay que prepararse para la siguiente estación de invierno que en Miami no son más de 20 o 30 días fríos.

Por todas partes, mientras me di la vuelta para cerciorarme, vi luces navideñas iluminando algunos árboles de lo que se conoce como el más tropical bosque encantado de Santa Claus.

“Está bien”, me dijo la Chef Gabriela, una amiga que me escuchaba en la queja del tiempo fugaz y los preparativos tan rápidos. “¿Esto es pensar que estamos ya a la vuelta de la esquina de las fiestas navideñas?”, le respondí que más o menos sí. “Me da miedo pensar en eso y en cómo el tiempo pasa. Me resisto a pensar que estamos en agosto, prefiero seguir pensando que estamos en junio”.

La realidad azota más fuerte. Le cuento mi famosa teoría de por qué el tiempo vuela, y cómo me imagino que en el tope del planeta debe haber un duende enloquecido golpeando duro las manecillas del tiempo para hacerlas correr más rápido. Prefiero pensar en eso a pensar que hay algo peor que nos hace vivir a este ritmo tan acelerado.

No hay explicación para la forma en que transcurren las horas y los días. Pero volviendo al Santa’s Enchanted Forest estoy boquiabierta, en pleno calor de julio, y ya están armando los focos multicolores por las ramas de los pinos que ahí están en hilera, y también ya están escogiendo los árboles que serán unicolores porque solo foquitos verdes o rojos los iluminarán oficialmente el día que el parque abra.

Los empleados que andaban ahí en la tarea me explicaron que tienen que encenderlos porque será la única forma de ver cuántos bombillos hay que reemplazar, ya que la mayoría de los árboles quedan todo el año vestidos con las extensiones de foquitos.

Orgullosos están aquí de que son casi un millón de lucecitas las que iluminan el sitio en fin de año y que es mucho el trabajo para dejar la atracción lista para que abra sus puertas a tiempo. Solo así me explico la premura, aunque la explicación no me impide pensar que pronto estaremos un año más viejos y eso hay que valorarlo.

Alguien me recuerda esto: para quienes están enfermos en un hospital el tiempo no pasa rápido, sino todo lo contrario, porque esperan que les llegue la salud. En el lado opuesto pienso también en los que se encuentran presos, para ellos tampoco el tiempo corre como para quienes estamos en libertad. Eso es muy cierto.

Una vecina a quien le comentaba esta escena me dice: “Bueno, los de Westchester tenemos que agradecer al bosque de Santa que nos recuerde a medio año, que pronto estaremos en diciembre, por lo menos para comenzar a ahorrar dinero para los regalos de Navidad”.

mariaantonietacollins@yahoo.com

@CollinsOficial

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