María Antonieta Collins

La rescatista Frida: entre el sentido del deber y la heroicidad

La presencia de Frida, presencia desde las primeras horas del terremoto hizo una gran diferencia.
La presencia de Frida, presencia desde las primeras horas del terremoto hizo una gran diferencia. AP

En medio de la inmensa tragedia del desplome del colegio Enrique Rébsamen con decenas de niños atrapados en la ciudad de México, su presencia desde las primeras horas del terremoto hizo una gran diferencia. Al verla perfectamente equipada, con sus botas para poder escalar entre las montañas de filosos escombros y el visor para proteger sus delicados ojos, su figura provocaba aliento entre tanto dolor. Me acerqué a ella en un momento de los pocos de descanso que tenía y me lanzo una fría mirada que no necesitaba traducción. Sin palabras decía: “Déjame descansar”.

Lo entendí y me alejé para permitirle seguir refugiada en su privacidad recuperando fuerzas para volver en cuanto la llamaran a más rescates. En menos de dos días su imagen se encontraba por todo México, y se había hecho internacional. Era uno de los rescatistas que entregaba todo lo suyo por otros, pero Frida es especial, porque es una perrita a quien llaman sin duda alguna heroína.

Frida nació para la hermosa tarea de ayudar a otros. Ella es parte de las brigadas caninas de la Secretaría de Marina Mexicana, desde los dos meses de edad; por sus habilidades fue seleccionada para formar parte de quienes salen a rescatar seres humanos en un desastre.

Ella forma parte de lo que llaman “binomios caninos”, que son un equipo conformado por un humano (entrenador) y su perro. Pero ella, que se sabe especial, comparte con sus compañeros Evil y Eco las 24 horas del día.

De pronto los mexicanos se centraron en su figura. Labrador retriever, Frida va equipada a todas partes y siempre junto a su entrenador, que la conoce más que nadie. Él sabe cuándo ella debe detener la búsqueda, bajo peligro de deshidratarse. Trabaja en períodos de 25 minutos activos o hasta que el cansancio está cobrándoles la cuenta.

Frida tiene siete años y en el servicio activo su cuenta de vidas salvadas es por lo menos de 53 personas. Graduada en los terremotos de Oaxaca y Chiapas, ella sabe que cuando ingresa a un túnel cavado en un desplome, es porque hay seres humanos en peligro a los que va a rescatar.

Naturalmente vacunada contra la ansiedad, con calma observa y analiza todo al instante, ya sea una situación o seres humanos frente a ella. Equipada contra el miedo a lo desconocido, posee un extraordinario sentido del deber que la pone en alerta permanentemente.

Después, es como una cachorra que pasa un buen tiempo jugando con una pelota o reponiéndose para la próxima jornada.

Tiene una mirada profunda con la que se hace entender. Ha sido tal el acoso de las cámaras que a todas luces comienzan a molestarle. Primero le llamaban la atención, pero una semana después comenzó a mostrar su descontento de forma singular: apenas ve una que se le acerca, de inmediato le da la espalda sin querer que ninguna lente se le aproxime.

En su mundo canino ignora que su imagen ha sido reproducida en todo tipo de objetos: piñatas, en las redes sociales, hay quienes piden que se le haga una estatua que represente a todos los perros rescatistas, y en sitios tan lejanos como Japón o China le llaman Marina por el nombre inscrito en su chaleco.

Hoy, en pleno apogeo de una fama que no pidió, a muchos preocupa que pronto, quizá en un par de años, le llegue el momento del retiro, pero todo está ya calculado. Frida, que robara tantos corazones será designada guía oficial de las nuevas generaciones caninas de la Marina Mexicana y permanecerá en el retiro, enseñando la noble materia de salvar vidas.

mariaantonietacollins@yahoo.com

@CollinsOficial

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