Alcohol, chismes y resentimientos en Navidad
Estaba en el salón de belleza muy relajada y se me acercó una conocida, para hablarme de un tema que, por su seriedad, denotaba la existencia de un confidencial secreto. Comprendí que se trataba de algo serio y, sobre todo, fatal para las relaciones de oficina: el peligro que encierran las fiestas que ya comenzaron a vivirse: las de los compañeros de trabajo por Navidad y fin de año.
“Da miedo ver –comenzó a decir– que cada vez más, esta temporada de fiestas, que debieran ser para compartir, se convierten en reuniones donde el alcohol, los chismes y el resentimiento desatan explosiones entre colegas”.
Le pedí más detalles.
“Cuando en la oficina se organiza una fiesta para celebrar lo logros del año, en realidad la ocasión, luego de que se han tomado ya algunas copas, destapa las inhibiciones. Se habla de lo que no se han dicho y han guardado por meses. Las cosas no solo engendran resentimientos sino que amenazan con terminar con estas fiestas”.
Quise saber más.
“Muchos –más de los que imaginamos– al recordar el desastre del último ágape, dicen: ‘¿Qué? ¿Gastar mi dinero en ropa de fiesta? ¿Para qué? ¿Para ver que cuando los colegas se pasan de copas se ponen agresivos? ¡No, qué va! ¡Para eso me gasto mi dinero en otras cosas! A mí no me la vuelven a hacer, que en vez de diversión, eso parece ring de boxeo”.
Aquella mujer me dejó pensando: todos hemos vivido algo parecido en las fiestas navideñas de las oficinas. Quizás no peleas sino otras situaciones igual o peor de incomodas. Hace años fui invitada a una reunión de oficina, no mía, sino de otros amigos. La esposa de alguien que trabajaba ahí, luego de haberse bebido “unos cuantos cocteles” de pronto se desinhibió y ¡comenzó a coquetear con algunos asistentes! Mientras las esposas de los hombres con los que aquella mujer coqueteaba en forma descarada, la querían poner en su sitio, y halaban a sus esposos, el pobre marido de la coqueta no sabía qué hacer.
“Por favor les pido que la disculpen –decía– está pasada de copas y no sabe lo que está diciendo, la pobre no sabe beber”. La realidad es que todas alrededor pensamos lo mismo: ¿Que la pobre no sabe tomar? ¡Válgame!, lo cierto es que parecía dispuesta a terminar con toda la bebida que le ofrecían ya que bebía sin parar.
Entre copa y copa aquella mujer comenzó a recriminar a las colegas de aquel esposo que pasaban más tiempo con su marido, que ella y sus hijos, y luego soltó la bomba:
“Quiero saber si alguien tiene algo con mi esposo, y de quién se trata, porque aquí estoy para arreglar a golpes la situación, porque a mí –decía desafiante– nadie me arrebata lo que es mío”.
Nadie sabía qué hacer en nuestra mesa. Por una parte, era una mujer “pasada de copas” y por otra, nos aguó la fiesta a quienes fuimos invitados a divertirnos. Poco a poco, nos fuimos cambiando de mesa, hasta que la pareja quedó sola.
Lo que hasta el día de hoy no me explico es, ¿por qué el esposo no se la llevó a casa apenas la vio borracha? Eso era mejor que dejarla dar el espectáculo y acabar con la fiesta de otros.
Moraleja: todos esos comportamientos tienen consecuencias. ¿La menor? Los que recordamos aquel episodio, jamás regresamos a ninguna reunión donde se encontrara aquella pareja desavenida. Pero en el caso de la oficina, recuerde que cualquier ofensa a un compañero de trabajo al son del alcohol navideño, dejará una huella en alguien con quien se convive a diario. Luego piénselo dos veces antes de desinhibirse en una fiesta de oficina, que solo tiene una misión: divertirse y dar gracias por un año de éxitos laborales.
mariaantonietacollins@yahoo.com
@CollinsOficial
Esta historia fue publicada originalmente el 11 de diciembre de 2017, 4:08 p. m. with the headline "Alcohol, chismes y resentimientos en Navidad."