María Antonieta Collins

El colmo del recicle navideno

‘Nuestra política de cambios dura un año, es decir, 365 días, y aquí la computadora marca que esto fue comprado hace más de un año’, dijo el empleado.
‘Nuestra política de cambios dura un año, es decir, 365 días, y aquí la computadora marca que esto fue comprado hace más de un año’, dijo el empleado.

Sí; sí que sí. Sigo en lo mío: crear conciencia de que estas fechas de Navidad y Año Nuevo son para darles a otros lo mejor de uno con los obsequios, NO lo que no gusta y está en el closet. Una amiga me llama y la escucho “verde de rabia” por algo que acaba de sucederle.

“Yo sé que me vas a llamar exagerada, pero la realidad es que lo que acabo de vivir es de pena ajena”. Le pregunto cuál es la razón de su enojo.

“Nada, que recibí el regalo navideño de una conocida, y en verdad que como era algo que no iba a usar porque no iba conmigo, decidí ir a la tienda donde lo compró a devolverlo y pedir un crédito para comprarme algo que me gustara. No importaba lo que mi amistad hubiera pagado, así fueran 10 o 20 dólares, eso es dinero y sirve para comprar algo”.

Hasta aquí la historia se me hace muy normal en estos tiempos donde todo es ir a comprar y devolver, sin que eso sea pecado; por eso le dije que me explicara un poco más de la razón de su enojo.

“¿Pues que he pasado tremenda pena a causa de ese regalo. Venía envuelto y con etiqueta de compra de una famosa tienda y por eso es que, toda vez que el empaque y la etiqueta estaban incluidas, psin pensarlo dos veces me fui a hacer el cambio, pero ¿cuál fue mi sorpresa? Que después de una cola de 40 minutos, porque la tienda estaba a tope, un empleado atendió mi devolución. Y esto solo para, minutos después de teclear en la computadora, me miró con cara de pocos amigos”.

Yo estaba atrapada con su historia.

“El empleado me dijo: ‘Señora, el tiempo de venir a reclamar un crédito de la tienda ya caducó. Nuestra política de cambios dura un año, es decir, 365 días, y aquí la computadora marca que esto fue comprado hace más de un año”.

Mi amiga me contó que estuvo a punto de morir de vergüenza.

“No supe qué hacer. Le expliqué al empleado que era un regalo navideño que acababa de recibir ese mismo día. Me creyó y entonces me permitió ver, e incluso tomarle una foto a la pantalla de la computadora donde estaba tratando de procesar la devolución. Te la mando para que veas que no estoy inventando absolutamente nada”.

Le pregunté si pensaba hacer algo.

“¿Qué puedes hacer sino pasar una vergüenza? Lo que me regalaron lo daré a un lugar de caridad porque si las cosas no sirven para uno, no tengo cara para dársela a alguien a quien yo aprecio, ¡qué va! Pero la reflexión sirve para todos. Nadie tiene obligación de regalar nada. ¿Por qué hacer estas cosas que solo producen vergüenza de ambas partes, en quien regala y en quien lo recibe? Por supuesto que no diré nada a esa persona, pero segura estoy de que apenas la vea el año entrante venir hacia mí con un regalo, saldré huyendo de su vista”.

Me quedé pensando: regalar es compartir. No tiene que ser algo costoso. Prepare su mejor platillo, su mejor postre, no importa lo barato que cueste; si es sabroso y está hecho por usted, será un regalo apreciado y recordado. Recuerde: esta es una fecha para decirles a los amigos cuánto los queremos y eso no se negocia regalando algo viejo.

mariaantonietacollins@yahoo.com

Twitter e Instagran: @CollinsOficial

  Comentarios