María Antonieta Collins

Hace cuatro años que cambié mi vida

Cuatro años después de la cirugía, no imaginé la forma en que aquello influiría en mi vida.
Cuatro años después de la cirugía, no imaginé la forma en que aquello influiría en mi vida. MA Collins

Veo el calendario y mi mente vuela a la tercera semana de enero de 2014 cuand,o agobiada por la presión arterial alta que me hacía tomar dos pastillas al día, el colesterol altísimo que ya me tenía en medicamentos con estatinas y sus peligrosos efectos secundarios aun sin comprobar, cuando sufría de apnea del sueño, por lo que debía conectarme todas las noches a una máquina para dormir; la prediabetes era mi gran realidad y decidí poner fin a todo aquello tomando una importante decisión: me realizaría el gastric sleeve o manga gástrica.

Fue el momento en que apareció uno de los dos ángeles que en ese momento llegaron a mi vida y les di la más grande bienvenida: el cirujano bariátrico Moisés Jacobs y la nutricionista registrada Sabrina Hernández-Cano. En el programa Aquí y Ahora –que documentó paso a paso aquella cirugía y el cambio de mi vida a partir de entonces– quedó grabado el momento para mí mas importante: cuando ya bajo los efectos de la anestesia iba en la camilla a la sala de operaciones.

Fui feliz y eufórica, decidida a ese gran paso, sabiendo que nunca más volvería a hacer aquella con casi 190 libras de peso. Cuatro años después, no imaginé la forma en que aquello influiría no solo en mi vida sino en la de otros. Han sido cambios decisivos, como hacer ejercicio casi a diario.

Cuatro años siguiendo al pie de la letra todas las recomendaciones para mi nuevo estómago: no permitir que se ensanche comiendo más cantidad de la debida.

Cuatro años sin una sola bebida gaseosa –algo terminantemente prohibido–. Tomaba antes de la operación seis diarias y hoy no sodas, no agua carbonatada, ni mineral, nada que tenga burbujas, así sea champán, sidra, cerveza, no importa lo apetitosas que resulten según la estación: ni una cerveza con el calor del verano, ni un brindis con champán o sidra en las fiestas decembrinas ni en ninguna otra fiesta.

Sigo luchando conmigo misma cada día para despertarme temprano y de inmediato subirme a la caminadora a pesar del cansancio, la flojera. He aprendido a vivir con esa realidad, pero también a vivir con el miedo a ser como antes: no he podido librarme de las pesadillas recurrentes que me atacan a menudo.

Despierto alarmada y muy angustiada pensando que todoel cambio fue un sueño y que la realidad es que sigo con sobrepeso y con todas las enfermedades que me tenían al borde del precipicio. Me calmo cuando me doy cuenta de que mi cerebro está haciendo la labor de hacerme recordar que todo pasó, como ha dicho mi adorado Dr. Jacobs.

“La operación es un instrumento, muy bueno, muy efectivo, pero el cambio verdadero viene del paciente. Si el paciente no cambia su forma de vida, si no hace ejercicio, entonces sucede lo que es terrible: que el estómago vuelve a crecer por la cantidad de comida que se le ponga dentro y se recupera el peso que se tenía antes, en los casos drásticos, en otros no todo, pero sí vuelven a ganar peso”.

La nutricionista Sabrina Hernández-Cano sigue siendo mi “Pepe Grillo”. “Los estudios muestran que si un paciente bariátrico no está bajo la supervisión de un profesional, se descuida y vuelve a una peligrosa rutina de calorías, que loo llevará a aumentar de peso”.

Entro al quinto año de aquel gran cambio de vida con miedo, pero también con la esperanza puesta en lo que me he prometido: seré una mujer “mayor”, pero sana. Para eso tengo siempre presentes las fotos que más me lesionan, pero que me recuerdan que un paso en falso lleva siempre a lo peor: comer, y fallar en el propósito de seguir siendo otra persona. Esta, la que he logrado, es una Collins feliz consigo misma.

mariaantonietacollins@yahoo.com

Twitter e Instagran: @CollinsOficial

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