María Antonieta Collins

Un error irreparable: pensar que la juventud es eterna

Mi amiga es muy feliz ahora y se siente en paz consigo misma; encontró a un hombre que la adora y ahora son muy felices juntos.
Mi amiga es muy feliz ahora y se siente en paz consigo misma; encontró a un hombre que la adora y ahora son muy felices juntos. el Nuevo Herald

Con frecuencia escuchamos la misma historia: mujeres divorciadas o viudas de 40 años o más sin pareja ni esperanza de encontrarla, porque muchos hombres de su edad andan mujeres de 30 años o menos, pero no mayores de 45. Siempre pienso lo mismo cuando los veo de 50 y pico alardeando de sus conquistas: ¿Es que no razonan? Cuando se hagan más viejos, serán parte de historias de hombres abandonados por mujeres que no valoran el amor, a menos que la cuenta bancaria sea grande. Y aun así, ¡mucho cuidado!

Les cuento esto porque esta semana supe de la triste historia del ex novio de una gran amiga cuya errónea decisión hoy debe de pesarle mucho. Era muy atractivo, de unos 50 años, cuando ella lo conoció hace algún tiempo. Era simpático y en su empleo de fisioterapeuta atendía a varias clientas; sus conquistas se contaban por montones. No supo apreciar el amor de mi amiga Iliana. Ella no logró escapar a sus desvaríos. Para ella pudo ser el hombre ideal, pero él no quiso apreciar el valor de su amor.

Vivía el presente, no ahorraba, se la pasaba de fiestas, y enamoraba a diestra y siniestra sin tener en cuenta la calidad humana de las mujeres que con él salían. Ella valía muy poco para él, aunque ella fuera una profesional altamente valorada en su rama y un ser humano de altos valores éticos. En cuanto a él, si alguien caía en sus redes no le importaba nada. Si estaba citado con mi amiga, la llamaba para cancelar el encuentro. Mi amiga decidió que no volvería a sufrir por nadie. Se había divorciado 10 años antes de conocerlo.

Un buen día, mi amiga, cansada del Don Juan, decidió no saber más de él nunca más; y así fue, hasta ahora, casi 5 años después. Llamó a mi amiga por teléfono y de aquel hombre que se creía superior lo que quedaba era una desdichada criatura. “Hace unos meses me quedé sin trabajo, porque mi compañía quebró. Las cosas cambiaron: la mala suerte me persigue. Me enfermé y estuve muy mal, cuando mejoré, mi vida había cambiado mucho”, le contó. Final de la historia: terminó en un asilo para ancianos. Pensar que la juventud es eterna es un error irreparable. Si hubiera pensado en su futuro ahora tendría un hogar junto a ella. Hoy, su historia y la de mi amiga Iliana son muy diferentes. Ella es muy feliz y se siente en paz consigo misma; encontró a un hombre que la adora y ahora son muy felices juntos.

mariaantonietacollins@yahoo.com

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