María Antonieta Collins

María Antonieta Collins: El espejo ya no es mi enemigo

Seguramente que si usted ha visto mis reportajes en Noticiero Univisión o en el programa Aquí y Ahora ya se ha dado cuenta del cambio radical que he mostrado físicamente.

Durante meses no pude contarle lo que estaba haciendo porque era parte de un secreto que compartíamos unos cuantos, que, desde enero pasado, trabajábamos en un proyecto secreto que al final mostraría a una nueva Maria Antonieta, diferente de aquella que pesaba 178 libras y que estaba plagada de enfermedades que amenazaban su vida. Había decidido someterme a la más generosa de las cirugías bariátricas: la manga gástrica o gastric sleeve, como se le conoce en inglés.

Para tomar esa decisión hubo, primero, que aceptar que era como miles de hispanos afectados por el sobrepeso, esos que “cada lunes comienzan una dieta que falla” y que se hacen la promesa de “ahora sí hacer ejercicio” y que saben que nunca podrán lograr nada para mejorar su condición física y de salud dañada por las libras de exceso.

En mi caso era peor porque podría haber muerto súbitamente en cualquier momento, en cualquier asignación. Me habían diagnosticado prediabetes, presión arterial alta, colesterol alto, apnea del sueño –que me obligaba a dormir con una máquina para respirar que me hacía lucir como una extraterrestre– y sufría de una hernia hiatal y reflujo gástrico.

La situación era terriblemente clara: también como millones de hispanos en EE.UU., yo era parte de las cifras que nos señalan como el grupo de mayor riesgo de contraer diabetes, especialmente entrada la tercera edad, es decir, la mía, ya que paso de los 60 años.

Pero un par de ángeles llegaron a mi vida para enseñarme que siempre hay esperanza: el doctor Moisés Jacobs, del grupo bariátrico y de cirugía laparoscópica del Hospital Jackson South, y la nutricionista Sabrina Hernández-Cano. Con solo ver al doctor Jacobs en una consulta, tomé la decisión más importante para el resto de mis días: operarme para eliminar el 82 por ciento de mi estómago.

Seis meses después, luego de entender perfectamente que lo que he cambiado es mi vida y no únicamente un estómago, hoy disfruto de cada día que pasa.

Y es aquí que entran en juego los espejos.

Los odiaba hasta hace seis meses porque eran descarnados verdugos que me mostraban con carnes y libras a aquella persona que yo no quería ser.

El 28 de enero pasado, acompañada por el equipo de Aquí y ahora, la productora Wilma Román-Abreu y el camarógrafo Jorge Solino, comencé la odisea más increíble de mi vida y la que me ha devuelto a mí misma: pasar por el quirófano y después por las etapas, mes a mes, que hicieron maravillosamente retroceder la báscula siguiendo un estricto y disciplinado procedimiento que hoy es gratificante.

¿Fácil? ¡No! ¿Qué cosa en la vida que vale la pena es fácil o gratis? Ninguna.

Esta tampoco lo ha sido, pero la recompensa es diaria. Ya no dependo de una emoción para salir a comer –y comer de eso que tanto me gustaba aunque supiera que me hace daño.

La ropa de todas tallas a partir de la 16 que usaba hace siete meses, en lugar de guardarla “por si algún día la vuelvo a necesitar”, hoy no existe en mi clóset. La doné a la organización Dress for Success, que ayuda a mujeres necesitadas en busca de su primera entrevista de trabajo.

¿Para qué iba a necesitarla si hoy soy talla 4 y me he propuesto no volver a ser nada más que eso?

¿Qué he ganado y qué he perdido? Mucho. He perdido libras y tristeza e inseguridad. He ganado confianza en mí misma y estoy aprendiendo sensaciones que no experimentaba, como que alguien me diga que luzco bonita. No soy vanidosa, pero al fin mujer, una necesita eso de vez en cuando.

¿Qué cómo lo logro con tanto viaje de trabajo? Entendiendo que no hice nada por vanidad sino por la convicción de ser una “nueva yo” y, sobre todo, sana y con calidad de vida.

Por eso es que hoy los espejos ya no son mis enemigos y no quiero que vuelvan a serlo porque me he prometido con el alma seguir siendo esta, que tanto trabajo me ha costado lograr... y que tanto me gusta.• 

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