María Antonieta Collins: ¡Caballero! ¿A quién hacerle caso?
Parte del gran cambio que ha dado mi vida después de la cirugía bariátrica es dar “oídos sordos” a las críticas sobre mi apariencia.
Pero resulta que no soy la única que vive este sentimiento, y que lo que me pasa les sucede a todos aquellos que se encuentran viviendo el mismo proceso.
Más claro: primero las críticas eran por gorda… ahora por flaca. ¿A quién hacerle caso?
Cuando estaba con todas las libras arriba me era común escuchar a mis espaldas el cuchicheo o bien en la fila de las cajas del supermercado, o en el Deli o en algún almacén donde indiscretos personajes decían
“¡La pobre! Mira, qué gorda está. Así debe de comer”
En otras ocasiones no me podía abstraer de ver las miradas que me escudriñaban por todas las masas que se veían por encima de mis enormes blusones. Así viví durante largo tiempo, tan largo tiempo, que finalmente ya aquello ni me importaba. Me acostumbré, al grado de olvidar que esas conductas existían alrededor de mi gordita y simpaticona persona.
¿Y qué sucede ahora? ¡Todo lo inverso!
Ahora, después de salir en televisión nacional, las reacciones no se han hecho esperar comenzando por el círculo a mi alrededor, el mismo que cuando les confié mis planes de hacerme la cirugía, de inmediato me dijeron: “Nooooo. ¿Cómo crees? ¡Con dieta y ejercicio tu puedes!” En proporción eran el ochenta y cinco de mis conocidos. El porcentaje restante se confirmaron como mis amigos verdaderos y quienes sin reparo alguno de inmediato me apoyaron: “Haz lo que necesites para poder vivir una mejor calidad de vida. El doctor Juan Rivera, mi cardiólogo desde los tiempos de la obesidad y la presión arterial alta, fue el primero: “Lo que vas a comprar es calidad de vida y, sobre todo, salud”.
Pero conforme fueron visibles las libras que perdí comenzaron los comentarios, no de mi gente conocida que está feliz con lo que he logrado, sino la gente que me encuentro en la calle:
“Ya estas demasiado delgada”, “Mira nada más, ya no puedes perder más peso, qué va”.
Al principio, yo hacía burla parafraseando a la duquesa de Windsor, que decía: “Una mujer nunca es demasiado rica ni demasiado flaca”.
Pero me di cuenta de que no funcionaba como conjuro y que por el contrario iba escuchando más y más cosas a mis espaldas.
“Ya no es la misma” “Pero qué escuálida está”.
Conversé sobre esto con un viejo amigo, el estilista de moda Enrique “Kike” Usales.
“Yo siempre quiero pensar bien del ser humano y quizá algunos que te dicen cosas es porque les salen palabras que probablemente no quisieron decir con esa intención, aunque en el fondo el resultado sea algo que te lastima”, me dijo.
Tiene razón Kike, pero el asunto es que nadie sabe lo que tiene en la cabeza una persona que está sometida al mayor cambio de su vida y que ha tomado decisiones drásticas como las que yo enfrenté, y que cuido cada día para mantenerme como lo he logrado y con tanto esfuerzo. Por supuesto que los comentarios duelen.
Por lo pronto he decidido la política de “oídos sordos” al respecto y únicamente escuchar al médico y a la nutricionista que me guían. En el fondo, hoy soy feliz no solo por las libras que he perdido, sino por lo más importante: he recuperado mi salud, y eso, en verdad que no tiene precio.•
Esta historia fue publicada originalmente el 5 de agosto de 2014, 0:00 a. m. with the headline "María Antonieta Collins: ¡Caballero! ¿A quién hacerle caso?."