María Antonieta Collins

Calladita me veo más bonita

Una vez, inventamos que mi amiga era jefa administrativa de mi consultorio y que yo era médico. El galán en cuestión me preguntó: ‘¿Dónde hiciste el internado?’
Una vez, inventamos que mi amiga era jefa administrativa de mi consultorio y que yo era médico. El galán en cuestión me preguntó: ‘¿Dónde hiciste el internado?’

Mi hija Antonietta estaba hablando por teléfono con una amiga, y la vi reír a carcajadas; su plática lucía tan entretenida que no pude abstraerme de ella. Como buena madre “metiche” le pregunté: ¿Eres acaso maestra? ¿Desde cuándo? ¿Qué tiene eso que ver con los posibles dates que tengas? Un clásico ¡Ay, mamá! antecede a su respuesta.

“Estaba hablando con mi amiga de algo que siempre hacemos cuando aparece un pretendiente: nunca digo ni a qué me dedico, ni dónde trabajo. ¿Por qué? Por una sencilla razón: si les cuento que soy periodista deportiva para una cadena como ESPN, de inmediato, los que pasaban junto a mí y ni siquiera me veían, se vuelven los pretendientes más interesados. Quieren saber todo de mi trabajo, a qué famosos conozco y me ven como la mujer más bella del universo, cuando minutos antes no existía”. Le digo que no hay nada malo en eso.

“¡Claro que sí! ¿No te das cuenta de que entonces surge el interés por otras razones que no son las de conocerme como persona, sino lo que me rodea? Es un imán que los atrae, pero está claro que hay otro interés que no soy yo, sino por el sitio donde trabajo”.

“Y las mujeres que están en el grupo donde me encuentro, ¡ni te digo! Esas cuando ven que los hombres se dirigen a mí por mi profesión, te ven como un peligro potencial y, peor aún, si son casadas y sus maridos están interesados en hablar conmigo de temas deportivos”.

Resulta que mi hija vive lo opuesto de lo que yo viví hace 40 años, cuando en México comencé en el entonces noticiero más famoso del país: 24 horas con Jacobo Zabludovsky. Ese era el mejor imán para atraer novios y hasta esposo. Los pretendientes sobraban en perfecto plan apenas me reconocían. Le cuento esto y como siempre me dice: “Pero, mamá, eso ya no funciona”.

“Ahora los que más molestan por lo obvios que resultan, son los que te quieren poner a prueba y empiezan a bombardearte con preguntas para ver si es cierto que sabes. ¡Qué flojera! Es por eso que mis amigas y yo inventamos carreras. A veces, soy maestra de segundo grado de la escuela elemental. Es una profesión segura; así no te pueden agarrar en la mentira; un día mi amiga Janice y yo dijimos que ella era la jefa administrativa de mi consultorio y que yo era médico. El galán en cuestión me preguntó: ‘¿Dónde hiciste el internado?’ ¡Dios, me agarraron fuera de base!”

“Pasamos tremenda pena. De manera que para la próxima inventamos algo mejor: que somos investigadoras de sabores para una fábrica de yogur. Y funciona, porque los dejamos tan desconcertados con nuestro oficio que ya ni preguntan”. ¿Y a quién se le ocurre semejante oficio? Solo a mi hija Antonietta que cada vez me sorprende más con su agudeza para defender su libertad, algo que en mi tiempo tampoco existía.

“Pero hay quienes no tardan mucho en descubrirnos. Como siempre estoy en las redes sociales y mi teléfono suena con las notificaciones que me llegan, dejé el teléfono en la mesa mientras fui al baño y el galán vio cómo llegaban los mensajes. Me preguntó riendo si eran de fans de la fábrica de sabores de yogur. Y, riendo, le conté la verdad”.

Después dice que los que están verdaderamente interesados la buscan, pero ya por ella como persona, que es lo único que le interesa. Me hizo reír con su conclusión filosófica: “Calladita me veo más bonita”.• 

mariaantonietacollins @yahoo.com

@CollinsOficial

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