María Antonieta Collins

¿Dónde están los millonarios?

‘Caminaba con una amiga por el espectacular centro comercial de Bal Harbour viendo las tiendas’.
‘Caminaba con una amiga por el espectacular centro comercial de Bal Harbour viendo las tiendas’. the Miami Herald

Andaba matando el tiempo con una amiga por el espectacular centro comercial de Bal Harbour viendo tiendas. De pronto, la plática de una mujer en un sitio de gran lujo nos distrajo; preguntaba los colores que había de unos carísimos bolsos de más de diez mil dólares cada uno. El vendedor, sabiendo que la clienta se llevaría varios, le mostraba desenfrenado uno y otro.

“Es que a mi esposo le encanta verme bien vestida y elegante”, explicaba al dependiente. “Así que me llevo estos cuatro para darle gusto”. Nosotras salimos del lugar, admiradas de comprobar que hay mujeres que con suerte.

“Sí –dijo mi amiga–, porque hay que tener suerte para que el esposo, pareja o novio te regale algo para que luzcas espectacular, en vez de recriminarte por ser gastadora”.

Salimos de aquella tienda y nos encontramos con otra mujer, esta de unos 40 y tantos años y que caminaba haciendo malabares con bolsas y más bolsas, en un alarde del dinero gastado. A su lado, un asistente le cargaba la más de media docena de cajas con los nombres de las tiendas más famosas.

“Hay que darle gracias a Dios y a mi amorcito, de que todavía las mujeres podemos gastar lo que se nos antoje, gracias al hombre con que vivimos”, le decía en voz alta. Mi amiga y yo dijimos: “Habló en plural afirmando: ‘gracias al hombre con que vivimos las mujeres podemos comprar lo que se nos antoje’ ”. “Yo no puedo hacerlo”, aclaré. “Y menos yo”, dijo mi amiga. ¿En qué mundo vive? “Así son las mujeres de los millonarios”, nos dice el encargado del parqueo. “Ella está casada con uno que es bastante mayor y que le hace la vida lujosa, placentera, envidiable”.

Entonces preguntamos lo mismo al unísono: ¿Dónde están los millonarios que todas estas mujeres encuentran? Porque a nosotras no nos toca ninguno. Días después, contaba la anécdota a otras amigas y todas coincidían: “No solo no me he topado con uno, sino que me ha tocado ser quien ayude y apoye a mi pareja”.

Otra dijo: “¿Millonarios? Chicas, mejor que no se los encuentren. Me han contado que a esa gente le gustan las cosas raras cuando están en una cita amorosa. Hacen que muchas mujeres que quieren salir con ellos acepten sus reglas y hacen cosas raras”. Todas gritamos horrorizadas ante semejante comentario. De inmediato, otra aminoró el tema: “¿Que dónde andan los millonarios? Pues están en sitios carísimos, siempre codeándose con mujeres que parecen de revista, que son las únicas que se sacan ese premio mayor de la Lotto”.

Alina, la más vivaracha del grupo, sacó una conclusión inmediata: ¿Que donde andan los millonarios que no los encontramos? Más claro que el agua: ¡Pues andan con jovencitas de 20 años y un poquito más! Las de 50 para arriba ya no interesamos a nadie.

Nos sentíamos todas seres extraterrestres pensando que era algo que solo a nosotros nos sucedía. Y, de pronto, me encontré sentada en “Hoy como Ayer” viendo la obra teatral Mujeres infieles, del escritor Enrique Salas; y que las actrices Marta Picanes, Denise Sánchez y Andreina Yépez literalmente bordan en una hora.

Son tres amigas que hablan de cosas de la vida amorosa de las mujeres maduras. Nada nos es ajeno.

Picanes, extraordinaria, hacía la parodia de como a su personaje solo le tocaban hombres más que pobres económicamente y se defendía de los ataques de sus amigas que le hacían burla diciéndoles: “Los hombres que salen conmigo no son pobres, solo son hombres a los que yo llamo de bajos ingresos”.

La carcajada revienta en el público y hace pensar en lo que muchas vivimos, mientras yo sigo con mi pregunta: ¿Dónde están los millonarios que no son fáciles de hallar?• 

mariaantonietacollins @yahoo.com

@CollinsOficial

  Comentarios