María Antonieta Collins

Cuidado con los ‘cuenta tragedias’

KRT

Son una especie numerosa e igualmente dañina porque generalmente alguien conoce de primera mano a uno de estos personajes, y no me diga que no le ha sucedido…

Los tenemos por todas partes, en la oficina, en la peluquería, en los supermercados, en cualquier lugar donde puedan contar sus historias de terror y drama…

La idea me la da una buena amiga, harta de estas “cuenta tragedias”.

“Tengo una conocida que es especialista en poner cara de tristeza ante cualquier situación que le suceda, así se haga un rasguño en un dedo sin que siquiera le salga sangre. Hace de eso toda una tragedia donde, cuenta con todo detalle que tuvo que ir al Emergency Room y que ahí vivió todo un terrible proceso para el dedo que -según ella- estaba en peligro de perder por la hemorragia que le había sobrevenido. Llama enferma al trabajo porque no “soporta el dolor que no calma ninguna pastilla”. ¿Qué sucede días después? Que cuando una no la conoce y se preocupa por ella y le pregunta por la famosa herida del dedo, “la enferma” ¡ya ni se acuerda de lo que hizo y dijo! Y responde de lo más oronda… “Ah, en eso ya ni pienso.”

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María Antonieta Collins.

Total, que como le ha pasado a mi amiga, una queda más confundida y compungida que nunca. Me sigue contando que estos “cuenta tragedias” aumentan cada vez más la intensidad de sus historias porque inexplicablemente disfrutan no solo de la atención de otros, sino del nivel de lástima que provocan y que tan orgullosos los tiene…

“La conocida mía, en medio de esa situación “se sacó la lotería” porque un familiar se le enfermó de cáncer. A partir del momento del diagnóstico, a todos en la oficina nos tenía “al tanto” de los procedimientos y del sufrimiento intenso de su familiar y de lo terrible que estaban viviendo. Todos estábamos angustiados y sufriendo por ella.”

Me dice mi amiga que los meses pasaron, siempre con esta “cuenta tragedias”, dando sin que le preguntaran, la debida y detallada actualización de aquel cáncer del que todas las amistades sabían tanto o más que cualquier estudiante de medicina, por boca de esa mujer.

“Finalmente como si nada, un buen día dijo que se tomaría unos días “porque ya se los merecía”, y se fue. Por supuesto, gracias a la vía de las redes sociales que hacen caer igual a los mentirosos que a los que aumentan historias, por el pecado de hacer pública su vida personal documentándola con fotos, fue que nos enteramos que los días en realidad eran unas vacaciones tan alegres donde la “cuenta tragedias” estaba de lo más feliz disfrutando de una fiesta, a decir de ella misma, planeada con anticipación y que había salido según sus palabras, “tal y como lo programé detalladamente hace seis meses, ahora que mi familiar enfermo está en remisión”.

Me dice mi amiga que al ver el Facebook de esta persona sintió que la “sangre le hervía” y que se preguntaba: ¿Qué acaso hace seis meses ella no estaba sufriendo como una condenada por el cáncer que azotaba tan cerca su vida? ¿Cómo entonces fue que, cuando solo estaba dedicada al supuesto cuidado de la persona enferma y el intenso sufrimiento al mismo tiempo estaba la planeación de una fiesta en el Caribe, incluido un crucero familiar? Y mejor aún: ¡a nadie le dijo que ya su familiar estaba totalmente en remisión!

“Yo no puedo tener otra explicación que no sea que esa persona es parte del ejército de los “cuenta tragedias” que gozan al esparcir las malas noticias, pero que, cuando se trata de algo bueno relacionado a lo mismo, ni siquiera se molestan por informar que todo lo malo terminó”.

De alguien así no nos salvamos nadie. Conozco algunos y algunas, y mi consejo es sencillo y lo pongo en práctica: al verles llegar con “la tragedia a flor de boca”… ¡les huyo como vampiro a la luz del día!

T witter: @CollinsOficial; mariaantonietacollins@yahoo.com
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