María Antonieta Collins

Mia y Ella, el triunfo de padres y abuelos

La buena mesa y los buenos modales van de la mano en Delicias de España.
La buena mesa y los buenos modales van de la mano en Delicias de España. EL NUEVO HERALD

Llegué a mi favorito “Delicias de España” y de pronto las vi y me quede observándolas embobada… Como si no fueran de verdad. Ambas eran sin lugar a dudas la imagen que reconforta con los buenos modales a la hora de comer.

Increíblemente Mia, de solo nueve años, comía en la forma más perfecta, como lo haría cualquier adulto acostumbrado a eso. Tenía frente a ella unas “angulas a la bilbaína”. Simplemente ya no pude despegarle la mirada. La niña comía con una tranquilidad aquel platillo, utilizando los cubiertos perfectamente, y Ricardo su padre, sentado a su lado estaba pendiente por si la niña lo requería, pero no hizo falta.

Mia comió perfectamente no solo las angulas, sino unos camarones al ajillo, que, humeantes en la vasija de barro en que se cocinaron, le trajeron después. Todo esto significó un gran examen sobre la manera de cómo le enseñaron a hacerlo y de como ella, a su corta edad lo aprendió.

Me acompaña Carmela, con la que comento que los vecinos de mesa me hacen pensar en la infinidad de veces que, al ver a niños y jóvenes comer como trogloditas de las cavernas, me provocan la pregunta a la inversa: ¿Dónde están los padres? ¿Qué es lo que les han ensenado?

Usted no me dejará mentir. ¿Acaso no ha visto a jóvenes y niños pelearse materialmente con el tenedor y el cuchillo a la hora de comer? ¿No le provoca ir a corregirlos cuando ve que literalmente empuñan con la mano derecha el tenedor abrazándolo con todos los dedos?, y ¿cómo con el puño cerrado todavía, no cambian de posición el cubierto y así se llevan el trozo de comida a la boca? ¿Qué tal, cuando delante de todos chupan el cuchillo con el que cortaron la carne? Y peor aún, cuando los padres que están a su lado no dicen una palabra.

Pero Ricardo y Jennifer, los padres, no solo de Mia, sino también de Ella, de cuatro añitos, son el ejemplo perfecto de la tarea bien hecha… Pude saber que ambos son nacidos en los Estados Unidos, pero hijos de cubanos emigrados en la década de los sesenta, que los criaron en un hogar que respetaba las reglas de educación. Ricardo e Hilda, padres de Ricardo y Fernando y Lili González los de Jennifer.

Durante toda la comida, Jennifer tenía a su lado a Ella, a quien enseñaba sobre la marcha. Le ponía la mano en el tenedor y el cuchillo, le decía que hacer y qué no hacer. Eran la fotografía perfecta de una familia feliz… pero en peligro de extinción por la modernidad.

Ahí no había ni teléfono celular donde vieran películas, ni video juego que en la mesa distrajera a las niñas para que no molestaran a los padres. Todo lo contrario. Había una pareja joven, totalmente interesada en hacer de sus niñas unas damas. Tengo que hacer la salvedad de que no los conozco y que ni siquiera pude saber el apellido de esa joven familia.

“Son unas princesas, pero de verdad” me dice Carmela, y estoy de acuerdo con ella.

De más está decir que Ella, a sus cuatro años, estaba tan pendiente de lo que sucedía en aquella comida con sus padres y su hermana mayor, y que jamás escuchamos en las mesas vecinas un solo grito de las niñas, por el contrario, al igual que sus padres hablaban bajito y solo con buenos y más que buenos modales. Lo pensé dos veces, pero no pude irme del lugar sin felicitarles. Les pregunto la clave para lograrlo. Ambos no tardan ni un segundo en responder…

“Nosotros estamos dedicados a ellas. Desde pequeñas las enseñamos a comer de todo y a respetar la mesa. Pero también hemos contado con el apoyo de nuestros padres, es decir de los abuelos” ¡Ahí estaba también la clave! ¡El gran trabajo de toda esa familia, lo que hace ver que todavía la modernidad no ha enterrado los buenos modales! Amen.

Twitter: @Collinsoficial, email: mariaantonietacollins@yahoo.com.

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