María Antonieta Collins

Al que no quiere caldo, dos tazas

Volteo para la sala y ni el piano se salvó de la mano de Carmela, encima ha encontrado sitio para una secuencia de ratoncitos vestidos de peregrinos…
Volteo para la sala y ni el piano se salvó de la mano de Carmela, encima ha encontrado sitio para una secuencia de ratoncitos vestidos de peregrinos… Foto de cortesía

No estoy hablando de la columna que ya tengo instituida: la que hago entre julio y agosto cuando comienzan a arreglar las luces del Tropical Park en el Santa’s Enchanted Forest… ¡No! De eso ya me ocupé.

Lo que me hizo dar un grito peor que si se me hubiera aparecido un vampiro, fue algo que vi, no en una tienda…. ¡sino en mi propia casa! Resulta que abro la puerta, y estuve a punto de cerrarla porque creí que había entrado en la casa equivocada… Había adornos por todas partes… Parecía más bien una sala de exhibición para Thanksgiving.

Me dije: no Collins, esto no puede estar pasándote a ti. ¡A ti que te has convertido en una luchadora en contra de los que quieren acelerar el tiempo y que adelantan con meses de anticipación las fiestas de fin de año cuando apenas están en junio!… ¡no!

La realidad es que sí. Mis ojos entonces se toparon en el comedor con toda una gama de calabazas. ¡Las hay de cerámica y hasta de terciopelo! Grandes, medianas, chiquitas.

Carmela, la experta en orquídeas también lo es ya en decoraciones temáticas de acuerdo con la época del año y resulta que ahora las calabazas son su obsesión. Las pone naturales y artificiales y las compra donde quiera que las ve. ¡Madre mía!

“¿Entonces? -me dice de inmediato- ¿Para que paga tanto la gente en adornos si nada mas los usan unas cuantas semanas? Hay que aprovecharlas”. Me quedo boquiabierta con su explicación y le respondo que faltan por lo menos dos meses para Thanksgiving.

“Esta bien, pues disfrútelas. Y olvídese si la critican, dígales que fui yo, y que no tienen razón”. ¿Qué no la tienen? ¡Claro que sí! Sobre todo, mis seguidoras de los ejercicios que a diario subo a Instagram y que preguntan lo que significa que en septiembre ya tengo calabazas de peregrinos atrás de mi, sobre un mueble, desde septiembre y ¡la fecha es el tercer jueves de noviembre!

“Ay, pues que fijadas” responde la irreverente Carmela, y el problema, le explico, es más profundo. Dos meses antes de la fecha es mucho tiempo para estar viendo la casa con alegorías de carnaval. Ya a la segunda semana no solo el panorama cansa, sino que me hace sentirme dos meses mas vieja cuando todo lo que quiere uno en la vida es rejuvenecer…

Para donde quiera que volteo es lo mismo: letreros de dar gracias prácticamente desde la entrada de la casa y ¡apenas comienza octubre, pero las estoy viendo desde mediados de septiembre!

Volteo para la sala y ni el piano se salvó de la mano de Carmela, encima ha encontrado sitio para una secuencia de ratoncitos vestidos de peregrinos… Más allá son pajaritos regordetes con motivos del Día de Acción de Gracias… El centro de la mesa del comedor es un inmenso platón con pavos, pero si de pavos se trata, resulta que ha encontrado uno enorme -y debo confesar que bonito- hecho de tela que preside el lugar.

“Y dese por bien servida que no le pongo nada de calaveras de Halloween porque se que usted no festeja eso. Así que se aguanta desde ahora con los peregrinos, que yo ando en busca de algo más”. En fin, que yo que estoy en contra de los comerciantes que nos aceleran la vida… me he topado con un personaje que goza con las decoraciones adelantadas…

No digo más y salgo de la casa y le aviso a Carmela que voy a hacer compras. De pronto, en medio de un almacén me entran varios mensajes urgentes de la leal Carmela… “Oiga Doña, aquí le mando una foto de este adorno, si me encuentra varios más tráigamelos, que ¡ya encontré un lugar donde me faltaba poner más decoraciones para que tengamos un feliz Thanksgiving!”

¡Hágame usted el favor! Yo que no quería caldo y me han dado dos tazas…

Twitter: @Collinsoficial, email: mariaantonietacollins@yahoo.com.

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