María Antonieta Collins

¿Ladrona yooo? ¡Hágame el favor!

“No está de más decir que vinieron en masa a pedirnos disculpas por la osadía y falta de tacto de esta mujer que, para verificar si una persona es huésped o no, tiene otros procedimientos, no hacer la acusación en forma tan falta de tacto”, escribe María Antonieta Collins.
“No está de más decir que vinieron en masa a pedirnos disculpas por la osadía y falta de tacto de esta mujer que, para verificar si una persona es huésped o no, tiene otros procedimientos, no hacer la acusación en forma tan falta de tacto”, escribe María Antonieta Collins. EL NUEVO HERALD

Junto a la productora Claudia Colimodio entré corriendo al lobby del hotel en Los Ángeles.

Eran minutos después de las 8 de la mañana. Llegábamos de la calle tan temprano, yo perfectamente maquillada, bien vestida y peinada por una especial razón: acabábamos de transmitir un segmento en el programa matutino “Despierta América” y, de acuerdo al horario de la costa oeste, tres horas más temprano del este, habíamos salido del hotel a las 4 de la mañana.

Ni hablar de que teníamos hambre, así que ambas decidimos irnos directas al restaurante y no subir nuestras cosas al piso ejecutivo donde estábamos alojadas. Yo arrastraba mi maleta de rueditas “carry on” donde llevaba de todo.

No se queje de que le estoy dando detalles de más, porque todo tienen que ver con la historia que le cuento.

Claudia y yo veníamos hablando de los pormenores de la transmisión de ese día, cuando, fuimos detenidas por una empleada que nada más vernos, sorteó la gente que estaba en el lobby a esa hora y directa se paró frente a nosotras, cortándonos el paso hacia el restaurante abierto donde se veía que estaba en su apogeo el bufé de desayuno.

La mujer esbozaba una sonrisa de oreja a oreja, pero en tono hipócrita:

“¿En qué puedo ayudarlas?”.

Al verla parada de frente a nosotros en forma tan brusca le respondimos que no necesitábamos ayuda y sin más, la dejamos parada ahí, en tanto entramos al restaurante. Dejamos en una mesa mi maleta y nos dirigimos a la fila que esperaba por un omelette hecho al instante por dos cocineras mexicanas.

De pronto, en medio de una larga cola de americanos hambrientos como estábamos nosotras veo que la misma mujer nos viene buscando y se nos para de frente. Sin importarle quien la escuchara me empieza a hablar.

“¿Sabe usted que tiene que ir a la recepción a pagar la comida que va a consumir ahora?”.

Enojada le dije que éramos huéspedes y que el desayuno estaba incluido en nuestra habitación. Lo que dijo después fue peor:

“Las vi entrar cuando llegaron. Ustedes venían de la calle”. ¿Quuuuué? Creí estar oyendo mal.

Mientras los de la fila nos volteaban a ver a las dos que iban a desayunar gratis, de pronto me injerté en pantera. Un momento —le dije— ¿lo que usted me está tratando de decir es que nosotros estamos intentándonos robar el desayuno? ¿Qué somos ladronas?

“Les repito que las vi entrar hace un momento por la puerta y tienen que pagar lo que coman”.

Furiosa por la forma en que nos estaba tratando, respondí.

Y ¿por dónde quería que entráramos? ¿por el techo? ¡Claro que entramos por la puerta, como debe ser! ¿Por dónde más?

En ese momento la osada empleada fue llamada aparte por otros empleados hispanos que me reconocieron y que estaban avergonzados del espectáculo que esta mujer montó ante el peligro de dos “ladronas” de desayuno.

Colimodio me decía: “solo faltó que llamara a la policía, en verdad”.

No está de más decir que vinieron en masa a pedirnos disculpas por la osadía y falta de tacto de esta mujer que, para verificar si una persona es huésped o no, tiene otros procedimientos, no hacer la acusación en forma tan falta de tacto. ¿Qué tal? Le falló y, ¡no éramos lo que pensaba!

Total, que esto me dejó preguntándome: ¿ladrona yoooo? ¡Hágame el favor!

Siga a María Antonieta Collins en Twitter: @CollinsOficial.

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