María Antonieta Collins

Vidas perdidas por la ira en las calles

La imagen dio vueltas y provocó pleitos en casas y oficinas y sigue causando polémica, pero es algo que nos ha sucedido a todos. A mí me sucedió hace unos meses y hoy me causa escalofríos.

Venía conduciendo por la Avenida 79 para doblar en Bird Road cuando de pronto veo un auto que se me atraviesa. Un conductor iracundo se bajó a insultarme a gritos. Me tocaba la ventanilla para que la bajara. Por supuesto que no lo hice porque yo no sabía que había pasado. Recuerdo haber visto esa escena con horror. Quedé paralizada.

Nunca le hice nada a ese hombre al que no recuerdo haber visto nunca. Lo cierto es que tenía una furia indescriptible que estaba descargando conmigo. Me dio miedo, mucho miedo verle gritando en mi ventanilla.

Nunca bajé el cristal. Me limité a tomar mi celular y grabar la escena, lo que le hizo rápidamente alejarse, meterse en su auto e irse.

Entonces escribí una columna con la reflexión sobre cómo se habían perdido los límites del respeto de un hombre a una mujer. Preguntaba, ¿cómo sería ese hombre en su casa? ¿De qué forma trataría a su esposa, pareja, e hijos? También puse el dedo en lo que sucedería si eso mismo que hizo conmigo se lo hiciera a un hombre. Me quedó esa duda y siento que lo hizo porque yo era mujer.

Hasta el día de hoy sigo sin saber que pude haber hecho para que se comportara así conmigo. Pienso que se confundió. No sé, pero lo que si sé es que hice lo correcto: No bajar la ventanilla ni mucho menos aceptar la confrontación con el iracundo sujeto.

Qué pena que eso mismo no haya sucedido con el actor mexicano Pablo Lile, de 32 años, a quien el video de una cámara de vigilancia le muestra dándole a Juan Ricardo Hernández, de 63 años, un tremendo trompón que resultó ser fatal. No sabremos lo que Hernández le gritó al actor y a su acompañante, ni por qué Lyle no controló su ira y salió a confrontarlo.

Esta columna no es para hablar a favor de ninguno, sino para aprender una lección.

Lo único cierto es que hay un hombre muerto y otro cuya vida también cambió para siempre.

El video que mostró la pareja de Juan Ricardo Hernández, donde este se encontraba bañándose en una piscina de lo más feliz, apacible y amable, lo muestra como era, no como terminó sus días. A si somos todos, pero a causa de una ira incontenible tomamos la decisión errónea de ir a confrontar a quienes de alguna forma nos provocan enojo en una calle.

Del actor, ya ni hablar. ¿Quién lo contratará después de lo ocurrido? Dicen que es un hombre calmado, pero su vida cambió para mal.

¿Vale la pena por unos segundos de ceguera por ira pagar el alto precio toda una vida?

Lo que hay que hacer en esos momentos, donde humanamente las pasiones provocan perder el sentido común, es sencillo: no importa la ofensa que nos hagan, NUNCA bajar la ventanilla, muchos menos entrar en el pleito.

Si el sujeto —hombre o mujer— trae un arma, de inmediato marcar al 911, y alejarse del sitio de inmediato.

Nunca jamás hacer lo que hicieron estos tres actores de un drama callejero donde nadie, absolutamente nadie ganó: un hombre muerto con una familia destrozada, y otro al que seguramente algo morirá en él, también con una familia destrozada. Recuerde que la ira es una pasión humana y que todos, al menos una vez la experimentamos. Usted decide.

Twitter: @CollinsOficial. Correo: mariaantonietacollins@yahoo.com.

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