María Antonieta Collins

Las vacaciones de los niños, un serio conflicto monetario para los padres

Todos nuestros niños tienen derecho a unas vacaciones felices y en las que aprendan, al mismo tiempo, algo interesante; pero los precios de los campamentos de verano son demasiado altos.
Todos nuestros niños tienen derecho a unas vacaciones felices y en las que aprendan, al mismo tiempo, algo interesante; pero los precios de los campamentos de verano son demasiado altos. the Miami Herald

Me acuerdo cuando Antonietta era pequeña que una de las cosas que me daban mayor felicidad eran las vacaciones de fin de curso. Meses antes buscaba los campamentos que pudieran interesarle más.

Era fácil con ella, ya que mi bebé era un tomboy, que se la pasaba jugando entre los equipos de softball y soccer. Primero de St. Brendan Elementary y, después, de St. Brendan High School. De manera que, la decisión de un campamento de verano, se basaba en quién pudiera enseñarle más durante esos dos meses en que poco podemos hacer los padres que trabajamos para divertir a los más pequeños.

Pero las cosas han cambiado, me cuenta Laura, madre de una niña y quien lucha por estirar materialmente cada dólar que recibe. Y hasta ve con horror los días del calendario de mayo, porque se acerca una época a la que le teme.

“La pregunta que nos hacemos es una: si el 4 de junio se acaban formalmente las clases, eso quiere decir en palabras claras que empieza nuestro vía crucis como padres por las vacaciones escolares; y la pregunta que se escucha por doquier es la misma: ¿Dónde metemos a los niños? ¡No tengo dinero para mandarlos a ningún lado!”

“Hay una realidad –sigue contando Laura–. Un campamento de verano que sea bueno y cubra muchas horas de actividades por lo menos cuesta unos mil dólares al mes. En realidad, pocos piensan en los padres que a duras penas podemos pagar la renta del hogar y, con dos trabajos, reunimos esa plata para poder pagar las primeras necesidades. Y por supuesto que no tenemos para enviar a los hijos a otro lugar de vacaciones”.

Le digo que hay programas en algunos parques de las ciudades que dan opciones gratuitas con horas de actividades para los chicos, que el asunto es buscarlos.

“Sí, pero en la gran mayoría –me responde Laura– hay que solicitarlo por lo menos con tres meses de antelación y no siempre hay matrícula disponible. Por lo tanto, el verano se convierte en un calvario para quienes tenemos poco dinero e hijos que mantener y darles actividades en el verano”.

Las matemáticas no engañan y muchos padres tienen razón: vacaciones escolares significa también un cambio en la economía doméstica. Familias que están viviendo ese problema cuentan que las vacaciones hacen que aumente el costo de tenerlos en casa todo el día. Diana, madre de dos hijos de ocho y 11 años, amplía sobre el tema.

“Hay que gastar más en comida y, por supuesto, en entretenimiento. Hay que buscar una nanny que los cuide por lo menos la mayoría de los días, hasta el 20 de agosto. Es decir, casi dos meses y medio”

Tere, otra madre angustiada por las vacaciones, comparte su preocupación.

“¿Y qué pasa con los niños adictos a los iPads y computadoras? En verano, en sus hogares requieren de supervisión que, por supuesto, no tienen, porque sus padres no están en casa sino trabajando. Tengo una hija que ha desarrollado una adicción al iPad y ahora en las vacaciones tendrá más tiempo para estar conectada a la tableta electrónica. ¿Qué hago para controlarla? ¿Por qué no hay campañas en contra de las tabletas, del exceso de TV y de las computadoras para los hijos que están solos en casa? ¿De dónde voy a sacar dinero para pagarle a alguien que me la cuide mientras estoy en la oficina? Tampoco tengo para mandarla a un campamento de verano en la ciudad y mucho menos fuera. ¿Qué puedo hacer?”

No hay respuesta para tantas preguntas, y me uno a la angustia de los atribulados padres que afirman: vacaciones de verano sin dinero y con hijos. ¿Dónde los metemos?• 

mariaantonietacollins @yahoo.com

@CollinsOficial

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