María Antonieta Collins

Te lo cuento a ti… pero no lo digas

La frase “Te lo cuento a ti, pero no lo digas” pone a prueba a cualquiera que lo escucha.
La frase “Te lo cuento a ti, pero no lo digas” pone a prueba a cualquiera que lo escucha. Unsplash

¡Ay que miedo hay que tenerle a esa frase!

“Te lo cuento a ti, pero no lo digas”.

¿Quién no se la ha dicho? ¿Qué tampoco la ha dicho usted? No me diga eso porque entonces pensaré que eres marciana.

Es sin lugar a dudas un momento que pone a prueba a cualquiera que lo escucha. La oración completa puede iniciar un chisme, una inquina, una intriga, pero también un momento inmenso de reflexión, y me explico.

Hace un tiempo me lo dijeron al son de una historia que me contaron y que implicaba a alguien a quien conozco perfectamente. Entonces mi dilema era: ¿se lo digo en aras de que somos amigas o callo para siempre?

Confieso que tuve un grave dilema existencial. La implicada en un hecho donde moralmente la señalaban de algo que podía convertirse en asunto grave, es mi amiga. Pero al mismo tiempo la otra persona que me confesaba aquello que se había enterado, también lo era. Tuve que recurrir en busca de consejo a una tercera persona fuera de todo ese círculo y discreta a más no poder.

“Al instante te digo: calla y no te metas en eso que está sucediendo alrededor”.

Le respondo rápidamente.

Y, ¿entonces donde está la amistad a prueba de todo? A lo que la otra vuelve a preguntar, “¿la crees capaz de haberlo hecho?”. Mi respuesta le dio la razón. Le dije que de primera intención no, y que las cosas no eran como parecían, pero que si probablemente se lo ofrecieron, esta no pudo evitar caer en la tentación.

“Ahí está el asunto. Y entre esas personas nada va a cambiar. Seguirán funcionando como hasta ahora y ya, y por el contrario, cuando una le reclame a la otra vas a salir a relucir como una chismosa y ¿sabes qué? Por querer arreglar el mundo te quedarás sin ninguna de ellas como amigas y te harás de un ambiente más que incomodo, y todo. ¿Por qué? Por querer hacer un bien”.

Tenía toda la razón. La realidad es que, ahí nadie estaba pidiendo consejo, sino limpiando sus culpas, y quizá buscando que alguien fuera y lo contara para usarlo como alfil de ajedrez para iniciar un gran pleito.

Dejé todo en silencio y me puse a ver que eso le sucede a millones de personas todos los días. Entonces, ¿qué hacer al escuchar la aterradora frase?

El consejo de mi amiga lo hice mío hace tiempo: cuando alguien viene y me “confiesa” algo que es grave contra otra persona, pero me pide “no decírselo” siempre lo ético será advertir: “fulana o zutana, esto lo tenemos que hablar con ella, de otra forma, es chisme y no estoy para eso”.

Personalmente es una fórmula que no me ha fallado, especialmente hace un tiempo, cuando una conocida implicó a un cercano personaje de mi vida privada. ¿Y saben qué? Impunemente seguía y seguía regando veneno en nombre de su víctima. ¿Cómo se solucionó todo? Cuando le dije a quién me traía los mensajes: “Lo próximo que me digas, será frente a la persona a quien estás acusando”.

Santo remedio. El chisme paró ahí porque la inquinosa supo que no podía seguir esparciendo sus infamias impunemente.

Así que no es que una haya descubierto el hilo negro, sino que no hay por qué caer en la hipocresía disfrazada. ¿Qué no diga eso tan grave que me estás contando contra otra? No y no.

¿Qué piensa usted?

Twitter: @CollinsOficial. Correo: mariaantonietacollins@yahoo.com.

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