María Antonieta Collins

Es asunto de hacer el bien.. sin ver a quien

La autora junto a su hija Antonietta y el joven alemán Lars que conocieron en el Camino de Santiago.
La autora junto a su hija Antonietta y el joven alemán Lars que conocieron en el Camino de Santiago. Cortesía de la autora

Era uno de los días más largos haciendo el Camino de Santiago de Compostela junto a mi hija Antonietta. Como todo peregrino de esas rutas, no esperábamos nada más de lo que el camino nos pudiera mostrar. El agua helada que caía del cielo nos hacía ponernos rápidamente los impermeables –chubasqueros– para decirlo como los gallegos.

Las fuertes botas nos ayudaban a sortear lodo, terreno seco y cruzar improvisados puentes medievales de lajas resbaladizas por el limo acumulado.

Así íbamos, yo por delante y ella detrás, protegiéndonos la una a la otra, cuando en uno de esos momentos, un joven rubio que tomaba fotos en el camino, y quien estaba del otro lado del arroyuelo nos tomó una foto que será simplemente “la” imagen de nuestras vidas.

La subí a mis redes sociales y en Instagram se convirtió rápidamente en favorita por su significado. Era la perfecta imagen de cómo para cruzar puentes en la vida siempre hay que ir acompañada de quienes nos quieren, y nada más.

Nos la mandó y el joven aquel sin darnos su nombre emprendió el camino más rápidamente que nosotras, que íbamos atrás de él.

“Ay mamá –dijo Antonietta– que pena que nunca sabremos cómo agradecerle el gesto de tomarnos esta foto”. Le respondí entonces que esa es la verdadera generosidad: la que es anónima y se hace por asunto de buen corazón… de buenos peregrinos.

Seguimos unas cuantas millas caminando ella y yo, cuando de pronto vimos tirado un moderno celular. De inmediato lo recogimos para preguntar por su dueño en el siguiente poblado.

“No te preocupes que seguramente el propietario al darse cuenta que se le cayó de inmediato regresará por el camino a buscarlo”. Con esa certeza seguimos nuestra ruta.

Más adelante, de pronto vemos que aquel joven fotógrafo, rubio, alto, con un rostro dulce de muy buena persona venía recorriendo el camino… buscando el celular.

Antonietta siempre dispuesta a las buenas noticias preguntó entonces… “¿buscas esto?” mostrándole el aparato.

Aquel joven estalló en júbilo. Tanto, que lo tomó, dio las gracias y salió corriendo sin más.

Hice entonces la acotación: ¿te diste cuenta que lo vemos por segunda ocasión en la vida y no sabemos quién es?

“Mamá, este es El Camino. Así suceden las cosas que a diario nos están probando como seres humanos. En cualquier parte del mundo, difícilmente alguien devuelve un celular como este, pero nosotras sabemos que la honestidad no es flexible: eres o no honesta y nosotras lo somos, así que nada, que bueno que hallamos al dueño y que lo pudimos hacer feliz, tanto como él nos hizo a nosotras con la foto al cruzar el puente del arroyo”.

Esa es la hija que he criado. Buena a más no poder, siempre disculpando a los demás y entendiendo lo que para mí muchas veces no es comprensible.

¿Sabes qué es lo único que hubiera querido?… saber quién es y dónde vive.

El anónimo fotógrafo quedó como anécdota de viaje hasta tres días después, cuando mi hija y yo, como cualquier peregrina, estábamos sentadas frente a la majestuosa catedral de Santiago de Compostela en la Plaza del Obradoiro reflexionando sobre los cinco días vividos a lo largo de 132 kilómetros recorridos entre valles, cañadas, arroyos y bosques.

De pronto, Antonietta vio al joven entre la multitud y este, al vernos, feliz como si nos conociéramos de siempre, vino a nuestro encuentro. Sentados los tres nos tomamos una foto que nos recuerde por siempre aquel momento. Se llama Lars, es alemán y habla un poco de español. Fue precisamente el camino quien nos dio la oportunidad de cerrar la historia teniendo el nombre y apellido del generoso joven al que por supuesto deseamos para siempre ¡Buen Camino!

Twitter: @CollinsOficial mariaantonietacollins@yahoo.com

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