María Antonieta Collins

¿Cómo hacer el Camino de Santiago?

María Antonieta Collins y su hija, Antonietta, durante su recorrido por el Camino de Santiago, España.
María Antonieta Collins y su hija, Antonietta, durante su recorrido por el Camino de Santiago, España. Cortesía: María Antonieta Collins

Jamás me imagine que 132 kilómetros provocaran tanto en tantos, como el Camino que recorrí hace unas semanas junto a mi hija Antonietta y que abrió para otros, posibilidades nunca imaginadas y decenas de preguntas por responder.

Estuvo por años en mi lista de deseos por cumplir pero las situaciones no se daban ni me creía capaz de hacerlo.

Y de pronto, el ser humano moviendo los hilos del destino, me vi llamando a la agencia de viajes que me quitó todos los pesares de encima.

¿Cómo cargar las maletas, especialmente yo que viajo como María Félix a todas partes, llevando por lo menos tres?

“Sin problema alguno”, me dice Begoña Abelo una experta gallega. “Nosotros proporcionamos el servicio de llevar de hotel en hotel a donde las instalemos su equipaje que estará esperándoles en su habitación al llegar cada tarde”.

Que sucede en personas como yo, que soy cordial con la gente, pero contrario a lo que se piense, muy privada cuando se trata de asuntos fuera del trabajo. Me preocupaba donde dormir, bañarnos y comer al fin de cada jornada de casi 18 millas y tener privacidad en todo momento.

“Ningún problema”, me dice la agente de viajes. “Así como hay presupuesto para todos, con mucho o poco dinero, también tenemos el servicio con hoteles pequeños especializados en los peregrinos. Nadie se mete con nadie. Usted desayuna y cena a su gusto y a la hora que lo requiera sin que medie ninguna persona. Las habitaciones son amplias y privadas, incluido su baño”.

Así fue, y lo apreciamos especialmente a la hora de tener que descansar como en el tercer día del camino, cuando se hace la jornada más larga de 32 kilómetros y llega uno a la ciudad casi desfalleciente sin ganas de hacer nada más que reponerse para el día siguiente.

¿Y dónde se come y se va al baño en la caminata? La respuesta es: por todas partes. Recordando que por lo menos, de dos a cuatro sellos en la credencial de peregrino son necesarios diariamente para que, llegando a Santiago de Compostela poder tener el certificado del recorrido, los sellos los ponen en cualquier sitio donde el peregrino pare para tomar agua, café o comer el bocadito del almuerzo, así que el camino es algo divertido, sin problemas y hecho para cada quien.

¿Hay que ser católico para hacerlo? La respuesta es un no rotundo. El Camino es para todo credo y sin credo también. Es para hombres y mujeres de buena voluntad que tienen fe en algo.

Lo hacen aquellos que necesitan un botón que ponga alto a la vida y renueve la esperanza diaria. Lo hacen quienes quieren encontrar una respuesta a su fe y deciden a lo largo del trayecto rezar rosarios y alabanzas.

Lo hacen quienes no tienen mayor empeño que saber si son capaces como lo hiciera el apóstol Santiago, de recorrer largas distancias a pie, caballo o bicicleta, las únicas tres formas validas oficialmente de recorrerlo, como los que tienen una misión en la vida de esparcir la palabra.

El Camino, si bien lleva directo a la tumba del apóstol, lleva también a entender los problemas de la vida de cada quien. Son horas y kilómetros recorriendo en comunión con uno mismo, lo que no hace daño a nadie.

¿Y después de terminado el camino y ya de regreso a casa? Bueno, en nuestro caso, el de mi hija y mío, no solo es aplicar la frase que más repetimos y nos repitieron: desear un buen camino a todos… Y planear el próximo camino.

Sera el año entrante y le añadiremos tres días mas. Así que, ¡a comenzar los planes!

Twitter: @CollinsOficial. Correo: mariaantonietacollins@yahoo.com.

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