María Antonieta Collins

Qué decir en los peores momentos

Qué decir a un amigo en situaciones dificiles como la pérdida de trabajo o la muerte de un ser querido es una de las situaciones emocionales más complicadas que hay.
Qué decir a un amigo en situaciones dificiles como la pérdida de trabajo o la muerte de un ser querido es una de las situaciones emocionales más complicadas que hay. Unsplash

Una amiga que recién recibió la noticia de que no tendrá trabajo durante unos meses, desesperada me contaba el martirio que sobrevino después de que le dieron la terrible noticia.

La escuché con dolor porque en realidad los amigos además de ayudarla a tener un nuevo empleo, solo podemos limitarnos a escuchar y ser el paño de lágrimas para el desahogo de una situación como la pérdida del trabajo, que es una de las grandes situaciones por las que un ser humano pasa, además del divorcio o de la pérdida de un padre, un hijo o un esposo.

No en balde los psicólogos dicen que es un momento para apoyar a quien está sufriendo por no tener empleo luego de los tres días posteriores a que le dieran la noticia, ya que es el momento en que la mente racionaliza lo que está sucediendo y cuando comienza, como si fuera la muerte de un ser querido, un periodo de duelo, con la rabia consiguiente para después dar paso a la resignación y el inicio inmediato de un nuevo empleo.

Este es el proceso donde ella me pide que escriba algo sobre las frases inútiles que se dicen en los peores momentos.

“Me da rabia escuchar: te entiendo, sé lo que sientes”, me dice al borde de las lágrimas. “¿Cómo va a entenderme si ella no es la que el mes entrante no tendrá para pagar la casa, el auto, o la comida de los hijos, como es mi caso?”.

Estoy de acuerdo con ella, y también que la compasión quizá en esos momentos necesita replantearse en cuanto a las frases de apoyo. La escucho mientras sigue explicando.

“Otros y otras, vienen a decirme: estoy contigo. OK. Perfecto que estén conmigo, pero ¿eso qué significa? Esa es una de las frases más huecas e inútiles que alguien puede decir. ¿En qué momento están conmigo? ¿En el momento de que yo busque a alguien que me de trabajo? ¿En el momento de hacer un pago y que me digan: aquí está este dinero, me lo pagas cuando puedas?. Nadie te dice eso. Entonces, está demás decir las dos palabras: estoy contigo”.

Le explico que esa frase significa más o menos lo que se dice en un funeral: “Te acompaño en tu dolor”. Cuando Fabio mi esposo murió hace casi 13 años, las frases de consuelo me lastimaban más que si no me las hubieran dicho.

Recuerdo en especial la muy repetida: “Entiendo tu dolor y te acompaño”. Y yo me preguntaba: ¿Cómo va a entender esto que me parte el alma, y de qué forma me acompaña, si después del funeral casi todos huyen?

Vuelvo con mi amiga que se encuentra en pleno proceso de aceptar que su vida cambió y que tiene que luchar contra la etapa de la racionalización malsana del cerebro que nos sabotea lastimándonos.

“¿No servía yo? —pregunta— ¿Soy tan mala? ¿soy un fracaso? Lo peor es que hay quienes se acercan a querer dar consuelo y lastiman más, por ejemplo, las que tienen esposo. Vienen y te dicen: ten calma que todo va a pasar. Me dan ganas de gritarles que ellas tienen calma porque tienen marido y por tanto hay dos sueldos en sus casas, si falta uno, pues hacen ajustes y ya. Lo que no es mi caso porque soy madre divorciada de dos hijos y vivo de lo que gano a diario. ¿Te recomiendan tener calma y lo que quiero es taparles la boca para que no me vengan con más frases huecas que se dicen por decir...”.

¿Qué hacer entonces?

Decirle lo que yo a mi amiga: mi teléfono está abierto para ti las 24 horas al día los siete días de la semana. Me puedes llamar a la hora que necesites hablar. Aprendí en este tiempo con ella a escuchar su dolor convertido en lamento. También le prometí ayudarla en la búsqueda de empleo, que afortunadamente la tiene muy ocupada.

Finalmente, el mejor consejo y en el que creo firmemente: orar. Le expliqué que Dios siempre tiene caminos que abren puertas y que las puertas que él abre no las cierra nadie, y le pedí que con fe entendiera que Dios siempre está en control. A fin de cuentas detrás de estas sacudidas emocionales siempre vienen los grandes cambios. Asegurarle esto a quien ha perdido el trabajo es lo mejor.

Siga a María Antonieta Collins en Twitter: @CollinsOficial. Correo: mariaantonietacollins@yahoo.com.

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