María Antonieta Collins

El amor en tiempos de nuestras hijas

El cortejo de antaño parece estar desapareciendo. Ahora nuestras hijas reciben fotos íntimas de sus pretendientes. ¿Entonces tendremos que reinventar el amor?
El cortejo de antaño parece estar desapareciendo. Ahora nuestras hijas reciben fotos íntimas de sus pretendientes. ¿Entonces tendremos que reinventar el amor? Unsplash

Se que Antonietta al leer estas líneas seguramente que dará un grito diciendo, ¡Ay mamaaaaá!

Pero las escribo no solo por ella, sino por decenas de muchachas en edad de ser cortejadas por los futuros novios y también por los padres de todas ellas, que sufrimos lo indescriptible con cada una de las historias.

Le pregunto por el último de los pretendientes que tuvo. Parecía encantador. Le envió flores al trabajo y después de un par de llamadas le dijo que “cuando se vieran en persona, se besarían y demás”.

Ella de inmediato le respondió: “¿Quién te dijo que nos vamos a ver, besarnos y demás?”. A Dios gracias nunca más ella le volvió a escribir.

“Ese es el amor en estos tiempos, madre”. Le digo que no es posible, que dónde queda el romanticismo, el cortejo, el demostrar muchas cosas en sentimiento antes de que se pase a lo físico. “Así son las cosas, o lo tomas o lo dejas, pero no hay más”.

Me quedo boquiabierta y por supuesto preocupada. La madre de otra joven toca un punto sensible.

“Lo más triste me dice mi hija, es algo también inconcebible. Las fotos sexuales que les mandan los pretendientes y novios y, peor aún, que les piden que ellas también les manden. Mi hija salía con un joven que parecía de lo más correcto, encantador, de buena familia, todo un ‘buen partido’. Ella estaba muy entusiasmada y de pronto me dejó de hablar de él y pregunté si había sucedido algo. Ella me explicó que él le había enviado unas cuantas fotos de sus partes íntimas preguntando qué le parecían”.

Le pregunté a aquella angustiada madre si se refería a que las fotos de las partes íntimas incluían el pene. No solo me dijo que sí, sino que ahondó más en la descripción del fenómeno.

Pegué un grito y le pregunté, “¿te envío una foto de ‘aquello’?”. Así mismo mama. ¿Y qué le dijiste? Pues nada, porque es algo que sucede casi siempre, pero le dije que yo no era así y que no me volviera a marcar mi número.

Lo peor es lo que el hombre le contestó: “Pues quien se lo pierde eres tu porque créeme, hay muchas que quisieran que yo les mandara una foto, y que me manden las suyas… Tu eres la que pierde”.

“Es como si fuera un patrón que ellos establecieron”, me dice Jorge, un gran amigo y padre de una hija en las mismas circunstancias.

“Es por las facilidades que hoy tienen los hombres de que cuantas mujeres quieran hacen lo que ellos les pidan. Me duele que en el caso de mi hija, que es hija única y que quiere formar una familia, tener hijos, se ve sola porque no tiene más hermanos, y resulta que los pretendientes solo quieren “amigas con derechos” no compromiso. Las muchachas que quieren familia y casamiento es casi imposible que lo logren por un fenómeno especial: la demanda de mujeres de todas las edades que están disponibles y que dan todo de inmediato o a más tardar en 72 horas. Entonces un hombre, ¿para qué quiere un compromiso si lo que necesita o quiere, es decir, sexo, compañía a cualquier hora, cualquier día, atenciones y lo que se les antoje se lo dan sin pedir nada a cambio?”.

Diana Montano, divorciada con hijos y en edad de tener pareja, dice que el problema lo tienen ahora las jóvenes y las maduras.

“Son los hombres que han cambiado o las reglas del juego que son diferentes. Si tienes más dinero que ellos dan por concedido que quien tiene que pagar eres tú, pero finalmente eso vendría a ser lo de menos. La mayoría piensa en una invitación a salir como inversión que tiene que redituarles una noche con sexo por lo menos. Te investigan en cosas íntimas a la primera conversación a ver si vale la pena perder el tiempo con uno para tener una cita más. En verdad que es una gran desilusión ver en lo que se ha convertido el amor en estos tiempos”.

Pregunto a mi hija si ya los enamorados no abren la puerta del auto. “Si, la del lado de ellos para subir”. O si ya no hay serenatas. “Eso también es para ellos cosa del pasado”.

Es enfática en decirme: entiende que el amor es así en estos tiempos y está en cada una aceptarlo o no. Me quedo nostálgica y pensando en si el amor entonces tendrá que reinventarse. ¿Cómo será?

Siga a María Antonieta Collins en Twitter: @CollinsOficial. Correo: mariaantonietacollins@yahoo.com.

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