María Antonieta Collins

De la madre de un hijo soltero a las chicas casaderas

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Ay, el amor y los dates, especialmente los fallidos.

De eso hablábamos entusiasmadas en el mismo salón de belleza a donde voy hace casi 20 años y donde cada plática es seguida por quienes se encuentran alrededor.

Me quejaba yo de que un blind date que me habían hecho a ciegas unos buenos amigos había resultado desastroso por la falta de sentido común del presunto “Romeo”.

Le contaba a Heidi, la manicurista, que apenas si habían pasado unos minutos de que me presentaron a este personaje en un restaurante, cuando este me soltó un comentario racial respecto a mi trabajo, a quien llamó con un apodo totalmente ofensivo que no invitaba a tener la menor consideración de mi parte al responderle.

¿Esa es la forma —dije de inmediato— en la que usted le habla a una persona a quien acaba de conocer?

Se hizo un silencio sepulcral en la mesa.

El personaje tiene 67 de edad, por tanto, no había excusa porque fuera demasiado joven para no saber lo que hacía, sino todo lo contrario, era un adulto grosero, falto de respeto y de consideración a cualquier norma de cortesía hacia una persona a quien se acaba de conocer.

Esperé unos minutos para retomar la calma y respire profundo mientras para mis adentros pensaba: “Difícilmente haría eso con un hombre. Difícilmente. Ese tipo de conducta la estaba teniendo con una mujer porque se sentía en posición de hacerlo”.

Más tarde los amigos que me lo presentaron me aclararon que el tipo es un hombre muy rico y que por tanto cree que puede tratar a quien se le dé la gana, tal y como se le dé la gana. Así de sencillo.

Lo hace con quienes trabajan a su alrededor, pero sin lugar a dudas que conmigo se equivocó.

Alguien terció en la plática a manera de disculpa.

“Personajes como esos hacen lo que quieren porque hay mujeres que se los permiten”.

Por lo pronto les anuncié, esto es material para una columna que prevenga a las mujeres de ataques verbales y súbitos como este que me tocó vivir.

La plática estaba de lo más animada cuando de la mesa contigua de la manicura, una mujer llamada Rosa nos llamó la atención.

“Si, por favor escriba una columna sobre estos hombres, pero también debiera de hacer otra columna con lo que pensamos las madres de hijos en edad del dating precisamente a causa de ciertos tipos de mujeres jóvenes que andan en busca de pareja”.

La intrigada entonces fui yo y el entorno que me escuchaba. Le pedí a Rosa que nos contara con detalle.

“Resulta que mi hijo menor fue a una cita a ciegas con una muchacha. El sitio era un bar. Apenas se vieron, sin lugar a dudas que la joven dispuesta a conquistar a mi hijo primero decidió investigar a fondo la situación y comenzaron las preguntas. ¿Trabajas? ¿Cuánto ganas? ¿Hace cuánto tiempo? ¿Vives en casa propia o rentada? ¿Tienes auto? ¿Es tuyo o es un lease? ¿Cuántos hijos tienes?”.

En ese momento mi hijo le dijo: pero, ¿qué es esto? Yo tenía entendido que venía a tener una cita contigo, pero creo que me he equivocado y lo que esto parece es una entrevista para un trabajo donde tengo que contar mi vida al derecho y al revés a una persona. Por supuesto que ahí terminó la cita”.

Todas las que estábamos escuchando a aquella madre contar la anécdota nos quedamos con la boca abierta. Rosa tenía razón, en este mundo donde todos quieren saber todo de cualquiera, se ha perdido la barrera del respeto y prácticamente se pregunta y se dice a bocajarro lo que se les ocurra.

No me sentí tan mal al saber que no fui la única frente a alguien sin freno en la boca. ¿O no?

Twitter: @CollinsOficial. Correo: mariaantonietacollins@yahoo.com.

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