Agradecer a pesar de los pesares
De todas las fiestas, Thanksgiving me encanta. Lo digo sin temor de equivocarme que es mi favorita.
¿Por qué? Siempre me preguntan y la respuesta es la misma: es el festejo donde la palabra agradecer es la reina. Aquí no se tienen que hacer regalos para nadie, lo mejor es llevar algo para la mesa de la casa que nos invita, o por el contrario, si lo hacemos en la nuestra, es el cúmulo de la generosidad para abrir la nuestra y sentar en ella a quienes tanto queremos. Pero hay algo más.
Es algo que aprendimos a hacer desde niños, pero que pocos lo ponen en práctica: dar las gracias a Dios por lo que uno recibe en el año.
Debo confesar que no me duermo, ni tampoco comienzo el día sin dar las gracias por estar sana, por estar bien, por tener casa, por tener trabajo, por mis mascotas, por mis amigos y por mis colaboradores.
Diana Montaño me da la razón y dice más.
“Hay que agradecer a pesar de los pesares… porque siempre puedes estar más mal de lo que vives”.
Le pido que me explique.
“Es muy difícil para quienes no tenemos un trabajo fijo —como la mayoría de las personas— escuchar frases de los que sí lo tienen y que siempre comienzan diciendo: ‘no te quejes’. Lo primero que viene a la mente cuando no tienes trabajo y escuchas eso es: ¿Cómo pueden decir eso? Y si lo analizas tienen razón: no hay que quejarse porque tienen razón”.
En este punto la que se queda sin entenderla soy yo.
“Los que te digan que no te quejes ante una situación mala que vives tienen muchísima razón —sigue explicando Diana—. Y la tienen porque siempre puedes estar mucho peor que eso que tu sientes que es algo muy malo. Pueden encontrarte una enfermedad grave, puede venir una muerte en tu familia, puedes perder tu casa, puedes perder al amor de tu vida si lo tienes, en fin, con esto quiero decirte que siempre podemos estar peor que lo que consideramos malo en muchos momentos”.
Diana tiene razón.
Pasamos el tiempo queriendo tener más cosas materiales, acumulando para cuando haya malos tiempos, sin darnos cuenta de que quizá no tengamos vida para disfrutarlo.
En esto siempre tengo presente a Fabio, mi difunto esposo, un hombre sano, atractivo, divertido, inteligente, que no fumaba, no tomaba, que hacia ejercicio, y que vivía planeando el futuro. “Para cuando seamos viejos y no haya trabajo”.
Fabio era ahorrativo. Tomaba el lunch en sitios de comida rápida. Cuando yo lo cuestionaba por eso su respuesta siempre era la misma: Y ¿Qué si nos enfermamos? ¿Cómo pagar los seguros cuando seamos viejos? ¿Qué pasa si perdemos el trabajo?
¿Qué sucedió? Que terrible y sorpresivamente en siete meses y 11 días un cáncer terrible lo dejó paralítico y se lo llevó a la tumba.
Pienso desde entonces que pasamos el tiempo planeando y decidiendo sin pensar que lo más importante antes de decidir muchas cosas es agradecer a Dios que amanecemos todos los días vivos y con salud. ¿Por qué toda esta retahíla de consejos? Sencillo.
El próximo Thanksgiving está a la vuelta de la esquina, tan pronto como la semana entrante.
Entonces, como dicta esta fiesta que ya comienza a celebrarse desde esta semana, cuando se siente a la mesa con los amigos a disfrutar simplemente piense en eso que Diana Montaño repite:
“No nos quejemos, porque siempre en la vida se puede estar peor”.
Abrace a los amigos, a la familia, a los hijos, sí, pero comience por dar las gracias por estar con salud que siempre teniéndola, poseemos el mayor de los tesoros”.
Con salud y con Dios todo se puede lograr, más tarde o más temprano. Pero hay que agradecer a pesar de todos los pesares.
Twitter: @CollinsOficial. Correo: mariaantonietacollins@yahoo.com.