‘Black Friday’, y los empleados de las tiendas ¿qué?
Vengo manejando y mientras espero la luz verde mi vista se fija en un letrero panorámico en la azotea de un edificio, puesto ahí para el mismo fin, que quienes circulen por la avenida lean lo mismo:
“Abriremos a las 4 de la tarde del día de Thanksgiving hasta las 2 de la madrugada…”.
Azorada me pregunto: ¿el día de la cena? ¿A las 4 de la tarde y hasta las 2 de la mañana?
Y la respuesta es una: sí. Ese día y a esas horas.
Entonces, ¿los empleados de las tiendas tienen que comer al mediodía su pavo con la familia —o no comerlo— porque hay nuevos horarios para comprar y comprar?
Así mismo es, y que diferencia con apenas hace pocos años cuando en casi todas las cenas de Acción de Gracias los comensales comenzaban y terminaban con la misma pregunta:
¿A qué hora nos despertamos para irnos al mall?
Generalmente la respuesta era la misma: ¡a la cama ahora!, que hay que estar allá antes de las 4 de la mañana para poder ser los primeros en entrar.
Era una aventura estar ahí cuando dieran “el banderazo de entrada” al lugar.
Recuerdo —en varias ocasiones— haberme puesto casi en el punto de la asfixia, atragantándome la cena para poderme dormir y levantarme horas después lista para salir corriendo a comprar en el Viernes Negro.
Yo tenía amigas que vivían gran parte del año planeando lo que harían en aquellas primeras horas de las compras navideñas más anticipadas y esperadas.
Preparaban cuidadosamente cortados todos sus cupones, se armaban con dos bolsas: una para poner los cupones de las tiendas y en la otra los que les servirían de descuento —y en ocasiones para que fuera gratuita— la comida para desayunar en esas horas de la madrugada.
Dejaban listos los atuendos que siempre incluían un buen par de zapatos para caminar largas horas, y ropa cómoda y ligera de llevar en medio de aquellas multitudes que como ella gozaban al máximo vivir lo que era un día memorable.
Sabían dónde estacionarse cerca de las puertas de salida para poder hacer los viajes necesarios y dejar dentro de sus autos las decenas de bolsas con la mercancía que compraban
Seguramente que usted recuerda algo que se antoja prehistórico: que ni los restaurantes de comida rápida funcionaban en Thanksgiving Day porque era la fecha para que todos pudieran compartir con los suyos alrededor de una mesa.
Todo lucía desierto en las calles y hoy las cosas son diametralmente opuestas. Vivo cerca de un centro comercial donde, desde la víspera las barreras metálicas estaban listas un par de días antes, para mantener en orden a los clientes en la cola, prácticamente desde que se levantan de la cena del pavo y corren a formarse para tener los televisores a precios que dejan con la boca abierta.
Pero eso también ya tiende a desaparecer porque cada vez con más empeño las tiendas están forzándose a abrir más temprano para terminar con su competencia, y eso sin contar que los empleados que trabajaran esos días, deberán cancelar las cenas en sus casas.
Cada día es algo que sucede más y más. Son padres, madres, hijos, hermanos que ya no pueden ir a sentarse alrededor de una mesa para la tradicional cena porque tienen que trabajar en esas horas previas al Viernes Negro que cada día comienza más y más temprano. ¿Cena de Thanksgiving? Me dicen varios a quienes pregunté.
“Eso queda para otros, nosotros tenemos que trabajar” y la respuesta me deja meditando en ellos.
Pienso que debiéramos rehusarnos a que se acabara el descanso del Thanksgiving porque eventualmente será, no solo el fin de una tradición: adelantar las horas del sagrado día a las compras también es el fin de la reunión familiar de todos los que trabajan en las tiendas y que por servirnos, sacrifican su propia cena. De cualquier forma, cuando entre a las tiendas, salúdelos, deles las gracias por estar ahí para usted y para su lista de regalos. Mientras tanto, ¡Happy Thanksgiving!
Twitter: @CollinsOficial. Correo: mariaantonietacollins@yahoo.com.