¿En verdad cumplirá los propósitos del 2020?
Cada vez que comenzaba un nuevo año, durante las primeras dos semanas de enero me debatía en medio de una filosofía que no me dejaba descansar: ¿Qué iba a prometer cambiar de mi persona en el año, que comenzaba?
¿Qué cambio de la vida sería el que yo daría? ¿Cuántas libras de peso quiero perder los próximos 365 días?, me preguntaba. ¿Le pasa a usted lo mismo?
Y entonces era mi conciencia la que me aconsejaba: Promete bajar 30, otras veces prometía 40. La realidad es que lejos de perder, cada año iba ganando más y más.
Al año siguiente entonces prometía bajar menos, total, la realidad es que tampoco lo iba a lograr, y así me fui sumando a todo ese ejército con la frustración a piel por las promesas de año nuevo y que habían fallado.
Poco a poco aprendí que no se podían hacer peticiones descabelladas y sin un ápice de sentido común porque esas eran las primeras que fallarían.
Ejemplo clarísimo eran las libras descabelladas que quería yo perder sin que mediara la promesa también de una dieta llevada por determinado tiempo y además haciendo ejercicio.
Pero después de la cirugía bariátrica las cosas cambiaron porque entonces mi meta era mantenerme con el ejercicio a cuestas, año tras año de estos seis. Y no fallé.
Hoy mis metas son diferentes y dijéramos más materiales porque tienen que ver con el presupuesto.
Haciendo cuentas de lo que gasto a diario me doy cuenta que hay dos grandes renglones donde el dinero sale y que pueden ser controlables, pero que requieren no solo de fuerza de voluntad, sino de un propósito para hacerlos: una es no salir a comer a un restaurante todos los días en el almuerzo y a veces en la cena.
¿Qué hacer?
Ese es mi primer gran propósito. Reducir las comidas fuera. ¿Cómo hacerlo? Ahh, preparando la comida de antemano en la casa y llevándola a la oficina para poder tomarla en el almuerzo.
El propósito no es descabellado, tiene exigencia pero también solución. Es hacerlo de una forma programada entendiendo que por lo menos hay un ahorro de unos $1,000 al mes, que se usarán para otras cosas.
Hay una amiga que tiene otro propósito que también tiene que ver con su economía.
“He hecho cuentas de lo que se me va en las propinas que doy en el salón de belleza. ¡Cada vez que veo a mi estilista son $200 por lo menos y a veces más!”.
Le pregunto por qué.
“Es que como atiende en su casa él siempre me dice que le dé lo que yo quiera. En un principio él tenía problemas económicos y yo sentía que lo ayudaba de esa forma. Ahora se ha estabilizado, pero le quedó la costumbre del pago de esa forma y aunque yo he limitado las veces que voy a verlo, la realidad es que sigue siendo mucho dinero el que se me va ahí. Lo mismo me sucede con las propinas de quien me hace el manicure, pedicure, las cejas, porque solo en eso se me van $50, más lo que cuestan los servicios. En fin, que ahora todo deberá ser diferente. Voy a hablar con ambos, pagaré por su trabajo y daré una propina que sea razonable, pero nada más”.
Me doy cuenta que los propósitos deben jugar alrededor de ese lugar de nuestras vidas que necesita ser modificado. Total, que la nueva década, más que el nuevo año plantea una serie de retos que nos enfrentarán con nosotros mismos más que nunca.
Haga las promesas que usted mejor que nadie sabe que necesita modificar en su vida, pero no planee lo que no podrá hacer, porque entonces, seguro que fallará y aquí estaremos en el 2021 pensando en lo imposible.
Así que manos a la obro, pero con realidad. ¡Que usted puede!
Twitter: @CollinsOficial. Correo: mariaantonietacollins@yahoo.com.
Esta historia fue publicada originalmente el 9 de enero de 2020, 5:26 p. m..