María Antonieta Collins

Y ahora, ¿a dónde va ir Santa?

“Santa’s Enchanted Forest” (El Bosque Encantado de Santa) es una atracción popular en Miami, pero el alquiler del lugar en Tropical Park se venció y el condado Miami-Dade podría alquilar el espacio a otro contratista.
“Santa’s Enchanted Forest” (El Bosque Encantado de Santa) es una atracción popular en Miami, pero el alquiler del lugar en Tropical Park se venció y el condado Miami-Dade podría alquilar el espacio a otro contratista. Archivo/Miami Herald

Había escuchado la noticia, pero me negaba a darle mayor certeza hasta que sorpresivamente entró en mi oficina uno de los guardias de seguridad del trabajo.

Se veía preocupado. Tenía urgencia por decirme algo a pesar de que me vio sumergida en el estudio de unos informes para un crónica de investigación, y él siempre es prudente y discreto.

Algo grave tendría que estarlo afectando —me dije al tiempo que lo escuchaba.

“¿Cuántos seguidores tiene usted en las redes?”, preguntó rápidamente. Intrigada por la pregunta le respondí la cifra y eso pareció calmarlo.

“Le puedo prometer que esos y más la seguiremos en su columna si usted no se calla lo que pasa con el Bosque encantado de Santa... No es justo, en verdad que no lo es”.

Le pido que me explique lo que a todas luces le sucede y que lo tiene al borde del llanto.

“¿Qué me va pasar? ¡Lo mismo que a todos los que esperamos con ansia que abra el Santa’s Enchanted Forest cada año, y resulta que por primera vez en octubre eso podría dejar de suceder porque desaparecería! y nosotros, ¿Qué vamos a hacer?”.

En ese momento caigo en cuenta de la noticia que consideré imposible toda vez que ese sitio en la esquina del Tropical Park sobre Bird Road en Miami, cada mes de noviembre y diciembre se convierte en el más tropical hábitat del querido Santa Claus en el sur de la Florida y de verlo año con año lo sentíamos inamovible.

¿Qué sucedía entonces?

Que se terminó la concesión que actualmente tiene un grupo y que la nueva se haría por medio de una licitación pública para varios grupos que intentarían ganarla, lo que para muchos ciudadanos también se traduce en que, mientras se hacen contratos y negociaciones, en los próximos 10 meses que quedan para que vuelva a abrir el lugar no daría tiempo de tener listo uno nuevo o por lo menos mejorado para las fiestas de invierno de este 2020.

El Santa’s Enchanted Forest es un sitio icónico que ha visto pasar a millones de personas y todos hemos vivido ahí dentro experiencias diferentes.

Hemos llevado a los hijos desde pequeños y como periodista —año tras año— he hecho columnas sobre cómo pasaba el tiempo rápidamente y las titulaba “Santa en julio o en agosto”, porque a partir de esos meses al pasar por ahí me daba cuenta que comenzaban las pruebas de los miles, más bien dicho, del millón de foquitos que orgullosamente presumía tener en el parque, —el más grande en su tipo en Estados Unidos— y que se iluminaba haciéndonos recordar que había llegado la mejor temporada de fiestas.

Me doy cuenta de que emocionalmente somos muchos quienes no queremos pensar que el tropical símbolo se vaya de nuestro vecindario en el Southwest de Miami.

En el supermercado del centro comercial al cruzar la calle es plática obligada

“Sí”, me dice una vecina,”siempre hemos sabido que a partir del 31 de octubre de cada año circular por Bird Road y el Palmetto se complicaba hasta el enojo porque eran cientos los autos que cada noche luchaban por entrar al Bosque Encantado a olvidarse de las penas, pero al ver a niños y grandes en un estado de felicidad tan grande solo por ir ahí, aminoraba la inconveniencia”.

Tampoco puedo pensar en que desaparecería ese parque de atracciones como tal, porque su presencia ha sido un común denominador para tres o cuatro, quizá cinco generaciones de hispanos asentados en nuestro amado Miami.

“Me parece injusto. ¿Cómo nos van a quitar una institución como el Santa’s Enchanted Forest?”.

En la cola del deli en el supermercado aflora la nostalgia al igual que sucede con el amigo que trajo a colación esta noticia.

“A mi me gusta ir ahí, es como tener Disneyworld en Miami en vez de Orlando”.

Pienso en lo que decía mi interlocutor y caigo en cuenta de que, por principio ya no veríamos esas luces tan coloridas cuando circulamos por el 826. ¿Acaso desaparecerían los árboles adornados imitando con luces la nieve, o los juegos multicolores de la feria que se veía cada noche mientras el parque estaba abierto?

Me uno en sentimiento y no quiero pensar que el tropical símbolo se vaya de mi vecindario en el Southwest de Miami y desaparezca aquello que no nos dimos cuenta hasta ahora que nos unía tanto y que llenaba nuestras noches de fin de año con algo más.

Si desaparece nuestro Santa’s Enchanted Forest,… ¿a dónde iría ahora Santa?

Twitter: @CollinsOficial. Correo: mariaantonietacollins@yahoo.com.

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