María Antonieta Collins

¿Indignada porque no me saludan?

No, no, no. No me estoy refiriendo a ninguna falta de cortesía de algunos maleducados que no devuelven el saludo.

Es algo mucho peor y todo se lo debemos al coronavirus.

No me diga que desde marzo pasado cuando entramos en la cuarentena y comenzamos a utilizar máscaras, tapabocas o como quiera llamarles, no le sucede esto que le voy a contar.

Resulta que usted en lo más profundo de su buena educación siempre que ve a alguien a quien conoce por supuesto que le saluda.

¿Qué tal? –les dice a la distancia- con señas y hasta con la voz, o si no es nadie allegado basta con un “Hola” dicho a la distancia social que el virus nos exige tener.

Y ¿Qué sucede?.

¡Pues que no le devuelven el saludo!

Y usted se queda como yo he quedado: helada ante la descortesía de personas a quien conozco bien y que usualmente son muy educados y devuelven el saludo.

Me sucedió a la entrada de la oficina con un camarógrafo con el que yo he trabajado en infinidad de ocasiones, de inmediato me dije:

¿Qué le pasa? ¿Le habré hecho sin intención algo que le hiciera retirarme el saludo?

El hombre siguió de largo dejándome boquiabierta.

Me quedé molesta pensando en el desprecio de aquel maleducado que me dejó con el saludo en la boca. No encontré razón alguna sino hasta varios días después cuando una amiga riendo me contó su historia.

“Me ha pasado tantas veces –dijo- que hasta ahora caigo en cuenta con lo que sucede… Saludo y saludo y nadie me responde, pero es por la más sencilla de las razones: nadie nos reconoce ¡con la máscara puesta!”.

¡Es lo mismo que me ha sucedido! Le pregunté que cómo encontró la respuesta a semejante enigma.

“Sencillo. Me acaba de pasar. Entré en mi oficina y me di cuenta que una persona me saludaba efusivamente, como no la conocía no le hice el menor caso y seguí de largo mi camino. Más tarde, mientras me la encontré en el baño, y luego del ‘Hola, ¿qué tal?’ me dijo: ‘ahora si me saludas porque me reconociste, pero hace un rato me ignoraste a pesar de que te movía la mano para que te dieras cuenta que era yo’. Le tuve que decir que efectivamente con la máscara puesta no pude ver que se trataba de ella y que me disculpara”.

¡Esa es la sencilla razón de las confusiones que la bendita máscara, los protectores faciales y demás artefactos que usamos para defendernos del coronavirus nos producen!

De inmediato corrí al espejo a verme.

Pues sí. Los que nos confunden tienen toda la razón, y mientras más cuidadosos somos peor. Me explico. Si usted es como yo, que usa máscara tapabocas, goggles o un protector facial completo –lo cual da un reflejo total que impide claridad a la vista- y de paso si es miope como yo, pues entonces sí que está en chino descifrar de quién se trata. Pero no se enoje. En todo caso, si le interesa, hable con aquel que no le devuelve el saludo y dígale como yo hago desde que caí en cuenta:

“Fulanita, menganito, soy perenganita debajo de toda esta cubierta de telas y plásticos”.

Ahora, que si ya después de las aclaraciones le siguen negando el saludo, eso sí que ya no se trata de una simple confusión.

Pero no hay más. Las máscaras y los protectores faciales y de los ojos son los únicos instrumentos efectivos para controlar que la pandemia se siga regando, más claro: que usted y yo nos contagien o contagiemos y no usarlas no solo es riesgo sino irresponsabilidad.

Pero, no se enoje ni se preocupe si no le saludan. ¿Quién puede reconocernos bajo tanta protección?

Twitter e Instagram: @CollinsOficial. Correo: mariaantonietacollins@yahoo.com.

Esta historia fue publicada originalmente el 31 de agosto de 2020, 4:08 p. m..

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