¿Amor de verano? ¿Cuál verano? ¿Cuál amor?
Llamo a mi amiga Diana Montano porque es una musicóloga nata.
Se sabe la letra de cientos de canciones de música mexicana. Su memoria está a prueba de Pop, balada, rancheras, banda y corridos.
Le pregunto por aquella canción “Amor de Verano” que cantaba el mexicano Roberto Jordán ídolo de los 70 en México. Diana entonces ni pensaba en nacer.
“¡Por supuesto que me acuerdo de la letra! Amor de verano, mi primer amor, amor de verano, ya se terminó” y me canta la canción.
De pronto comienza una disertación con la Montano, muy a su estilo.
“¿Cuál verano? Si nadie lo hemos tenido, bueno, o casi nadie con la pandemia. A ver, ¿quiénes son los que se han ido de vacaciones? En medio de la pandemia, los puros inconscientes que no les importa nada… Los demás hemos sido obedientes y no decimos nada más y nos quedamos calladitos y evitamos los pensamientos de irnos a ningún sitio”.
Le digo que antes, en el feriado de Labor Day —que acaba de pasar— las historias eran de ponernos a limpiar los closets porque como extraoficialmente se acababa el verano y comenzaba el otoño, y entonces había que ponerse a guardar la ropa blanca, y eso sí, los zapatos blancos porque “ya no estaba de moda” usarlos después de esa fecha, so pena de que nos dijeran que “estábamos mal vestidos”.
Recuerdo que las criticonas se dedicaban a tratar de encontrar a aquellas que usaban las prendas después de la primera semana de septiembre.
“Ay, la pobre, mira que ridículo hace al ir vestida de esa forma. ¿Zapatos blancos? Parece Mimi Mouse vestida de novia. Solo a ella se le puede ocurrir ignorar que no se puede uno poder esas cosas entrado el otoño”.
Hasta el verano de 2019 la fecha sirvió como arranque extraoficial del último cuarto del año porque terminaba con las vacaciones en las playas, se espaciaban los “barbecues”, y aquellos que tienen botes sabían que era tiempo de pensar en sacarlos del agua para llevarlos a las bodegas donde permanecían guardados hasta el año entrante apenas llegara la primavera.
Pero en el 2020 toda nuestra vida cambió al grado de que sin pena ni gloria vimos las vacaciones suspendidas totalmente.
Pero sigo con Diana para que me explique su congoja sobre “Amor de verano”.
“Apenas hay verano, ¿Cómo va a haber amor? Agradecida estoy que hubo verano, ¡olvídate del amor! Con esta pandemia no puedes tomarte de la mano con nadie, ni besarte, ni salir en un ‘date’ y ‘de aquello’ pues ya ni hablamos, porque las cosas andan requetemal. Por aquello de la distancia social, el colmo es lo que dijo una psicóloga canadiense: que para hacer el amor ¡hay que ponerse una máscara facial! ¡Para eso me quedo como estoy!”.
Pero la realidad de todo es más clara: ¿A quién le importa ahora guardar zapatos blancos o ponérselos o no, cuando la verdad es que por la pandemia la mayoría de quienes tienen trabajos lo hacen desde su casa, y ahí no hay que ir vestido más que con lo básico.
Hay quienes no se quitan la pijama todo el día, otros más que han aprendido con la vergüenza de que en las videoconferencias de los trabajos los pillen vistiendo como recién saltados de la cama y se ponen por lo menos camisetas y shorts. Otras más piensan en la comodidad y visten ropa de ejercicio y una minoría usa ropa tradicional.
Lo cierto es que los cánones de lo que se usa o no se usa en esta temporada están fuera de toda crítica porque, ¿a quién le importa algo más que no sea sobre los test del coronavirus, o lo que dice el Dr. Fauci, el experto nacional en virología sobre la pandemia, si la estamos parando o si sigue el peligro que en el invierno se complique con la gripe.
En fin, que por lo menos tengo algo de que no preocuparme: de guardar la ropa blanca y los zapatos de ese color, y eso y tener salud es un gane en esta pandemia. ¿O no?
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