María Antonieta Collins

La fiebre de la ‘reunionsitis’

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Son decenas de compañeras y de amigas que están padeciendo uno de los resultados de la pandemia: las reuniones virtuales que se hacen en los trabajos.

Comencé a darme cuenta con una de mis interlocutoras favoritas: Diana Montano, periodista y productora independiente que ahora convertida en asesora y bloguera me trajo a colación el tema.

Resulta que siempre me da un “advice” es decir, me previene.

“Si me llamas de tal hora a tal hora de la mañana no te puedo responder porque tengo un ‘meeting’ y si es por la tarde… también. Tengo varios y no hay manera de zafarse de ninguno porque todos son de trabajo por videollamada y saben quién entra y quién no”.

Pero Diana no es la única.

Hablo con compañeras de trabajo y están igual o peor.

Una de ellas dice que las cosas son complicadísimas por tantos “meetings” virtuales.

“Es que de acuerdo al número de reuniones a la que eres requerido, es la importancia que tienes en un lugar. No hay nada peor que decir: ‘a mí no me invitan a ninguna reunión virtual’. Eso, en el nuevo lenguaje del trabajo durante la pandemia significa que no haces cosas importantes y por lo tanto hay peligro de que tu puesto pueda desaparecer, así que lo mejor es hacerse presente en todo tipo de conferencias por teléfono, a la hora que sea, y hablar y dar opiniones para que se den cuenta que te encuentras ahí”.Pero el asunto es el uso y el abuso de la “reunionsitis”.

Otra más que exige anonimato aclara.

“El problema es que si tú tienes tu agenda abierta cualquier jefe entra, ve lo que tienes disponible y ahí mismo ‘te hace la invitación’ al meeting. No toman en cuenta que una está haciendo muchas cosas a la vez. El asunto es que yo entro a una reunión y salgo para otra y en un día tengo hasta seis y ocho ‘meetings’ más aparte de mi trabajo regular. ¿A qué hora hago todo? Es un maratón que me hace trabajar el doble desde mi casa que lo que hacía en la oficina. De esta forma no hay respeto para el tiempo de una”.

Ahora, como en todo, el uso y el abuso son lo que fastidian.

“No hay nada peor para mí —añade una compañera— que escuchar el sonido especial que tiene el timbre de cuando te llega la invitación a otra reunión y peor aun cuando una sabe que son especialmente de quienes les encanta sentirse importantes porque están en tal número de ‘meetings’ al día y entonces las aventuras que cuentan son de lo que hacen para estar en tal y cual parte del país, mientras una tiene que soportar todos los cuentos, con la presión de terminar esa reunión y cumplir con el trabajo urgente”.

No ven la hora en que la pandemia termine para volver a la oficina y verse cara a cara, aunque hay quienes siguen viendo esto como un punto de presunción. ¿Cómo?, pregunto.

“Presumir de eso mismo, de que tu opinión es requerida, de que tu trabajo es necesario, de que es importante, así sea a través de una pantalla de teléfono”.

En fin, que este coronavirus nos ha traído una epidemia donde no hay más medicina que respirar profundo y pensar como las optimistas ante una nueva invitación a un “meeting” que amenaza con acabar con los nervios. Te paras frente a un espejo y dices: ¿ocho o 10 reuniones virtuales al día? ¡Qué importante soy! Pobre de aquel a quien nadie llama en medio de la época dorada de las “reunionsitis”.

Twitter e Instagram: @CollinsOficial. Correo: mariaantonietacollins@yahoo.com.

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