Sigue las reglas y habrá menos posibilidad de contraer COVID | Opinión
Usar la máscara, guardar la distancia social y lavarse las manos son hasta el momento las mejores armas contra el COVID-19, guste o no.
Lo digo por experiencia.
He estado en contacto cercano con siete personas de mi entorno laboral y que en su momento salieron positivas al virus.
¿Qué me sucedió?
Nada. He vivido por lo menos cuatro cuarentenas con el alma en un hilo y finalmente nada ha sucedido a pesar de que en total son siete las personas cercanas que han estado en contacto con el COVID.
¿Qué he hecho que sin lugar a dudas me ha ayudado? Sencillo: seguir las reglas que nos han pedido con la distancia social, las manos lavadas a cada rato y la máscara para todas partes.
Pero le he añadido más: uso el protector facial o “face shield”, tengo “goggles” o lentes especiales porque los ojos también son susceptibles a que el contagio entre por el medio húmedo de ellos, y mi casa y auto parecen arsenal contra el virus por la cantidad de productos que utilizo para desinfectar las superficies que toco apenas salgo a la calle.
En el auto constantemente repaso con toallitas mojadas en alcohol lo mismo el volante, que las agarraderas de las puertas, el botón de encendido, las llaves y el celular. Lo mismo hago en el supermercado. Muchas veces me he pillado a mí misma hablándole al virus:
“Si crees que seré fácil de que me agarres, ¡no! Seguro que si me pasa sería porque me tocara, pero no por descuido o irresponsabilidad para con la gente de mi casa y mis compañeros de trabajo. De que te voy a dar lucha, ¡tenlo por seguro mendigo virus!”.
Si me toca ir a zonas donde hay alto riesgo de contagio, no lo dudo dos veces en extremar las precauciones: añado cubrepelo desechable y guantes, mismos que tiro a la basura inmediatamente después de salir de los sitios.
Cuando una de las personas más cercanas a mí salió contagiada, la moral se nos vino abajo por una razón: es la más escrupulosa de todas, jamás, jamás se ha quitado la máscara al acercarse a alguien o cuando alguien se le acerca.
Exactamente cuatro días antes de que tuviera síntomas estuvimos trabajando juntas, por esto es que fue la única ocasión que confieso haber creído que me iba a enfermar por la razón lógica de la cercanía.
¿Qué me pasó a mí, una persona que por mis 68 años de edad soy parte de la gente en riesgo? Pues no me pasó nada.
No solo es porque tomo las vitaminas indicadas, porque no voy a reuniones sociales, porque no voy a sitios congestionados, porque sigo haciendo ejercicio para fortalecer pulmones y sistema inmunológico y porque no voy sin mascarilla a ninguna parte desde marzo pasado por consejo de mi médico familiar, el doctor Franklin Pimentel, un hombre con toda la experiencia clínica y que sabe lo que receta. Desde entonces Pimentel ordenaba a sus pacientes: hay que usar la máscara ya que es la gran medicina que por ahora tenemos. Eso es lo primordial junto al aseo.
La segunda de mis compañeras que cayó con el COVID había estado conmigo haciendo ejercicio justo antes de presentar los síntomas, pero nunca, ninguna de las que lo hacemos, anduvimos sin máscaras, y mejor aún, la máscara seguramente nos salvó especialmente ese día, cuando juntas fuimos en el mismo auto.
Es cierto, también creo mucho en la vacuna espiritual. Para mi es una vacuna creada hace más de 2,000 años y que está en la Biblia en el Salmo 91: “mil caerán a tu diestra, diez mil a tu alrededor pero a ti no te tocará”. ¿Cada cuánto me medico espiritualmente con la oración? Varias veces al día, cuando repito el salmo al tiempo que guardo distancia, me lavo las manos y me pongo la máscara… Y con Dios por delante aquí voy.
Twitter e Instagram: @CollinsOficial. Correo: mariaantonietacollins@yahoo.com.