María Antonieta Collins

Y después del 3 de noviembre, ¿qué hacer con los insultos? | Opinión

Unsplash

Nunca mejor dicho que ni fecha que no se llegue ni plazo que no se venza y el 3 de noviembre está aquí.

De una forma u otra. Ya es tarde para muchas cosas, pero a tiempo para otras.

Por ejemplo, sin lugar a dudas —como me cuenta una amiga— lo peor que ha pasado es que las pasiones políticas han dividido familias, amigos, y han terminado con las reuniones donde se podía discutir.

“Ahora —dice quien pide anonimato— hay que cuidarse de expresar lo que se piensa porque eso puede terminar inmediatamente en un zafarrancho de acuerdo a la casa donde nos encontremos. Es mejor quedarse callada y si te preguntan por quién vas a votar o por quien lo hiciste, lo mejor es decir: el voto es secreto y no tengo que decir por quien voté”.

En ese momento le pregunto si ella, que es cubana no vivió lo mismo que ahora, en el comunismo de su país.

“Tengo que decirte que sí. Exactamente. Y que como desde pequeña en casa mis padres me enseñaron a no decir lo que pensaba y callar, o únicamente hacerlo frente a los que yo sabía que podía confiar, pues ahora hago lo mismo, me callo la boca y ya”.

Yo me pongo a pensar en mis amigas que han tenido que dejar en “pausa” relaciones sentimentales porque los galanes en cuestión resultan que estaban activamente en la política, pero con el contrario a quien ellas apoyaban.

“Ah, sí que por supuesto —dice otra— ¿de qué manera yo puedo convivir aunque sea un momento con alguien que no solo no está en la misma página, sino peor aún: que insulta y ofende a los contrincantes de su candidato? ¡No, no y no! Esa no es la democracia que hemos practicado en este país. Así que preferí ponerlos en pausa antes de que ‘la sangre llegara al río’ y se los dije: creo que debemos volvernos a ver después del 3 de noviembre o hasta que se sepa quién es el presidente”.

Esas podrían ser las más superficiales de las consecuencias, pero muchas más de las que usted imagina van a puntos más profundos: ¿Qué hacer con las familias divididas por la política? ¿Qué hacer especialmente cuando 23 días después de las elecciones presidenciales llega la más sagrada de las tradiciones de este país que es Thanksgiving y hay que reunirse en familia?

¿De qué manera sentarnos a la mesa a dar gracias junto a quienes nos insultaron o insultamos en aras de la política?

“Es una de las cosas que me pregunto —me dice un joven— mi familia me ha dicho horrores porque no fui con su forma de pensar política y… ¿ahora qué pasa? ¿Cómo nos sentamos todos en la mesa a dar gracias?… ¿Por qué? ¿Por estar divididos? ¿Por habernos dicho horrores durante todo el año que duró la campaña electoral? ¡No es nada fácil de hacer!”.

Le pregunto entonces a Diana Montano, el Pepe Grillo de muchas de mis columnas de sentimiento popular.

“¿Qué hacer? bueno, pues hay dos variantes. Por principio por ahora y durante un tiempo no me reúno con nadie que me haya ofendido. ¿Para qué? Quizá si me ofrecen una disculpa, entonces, pero por ahora con quienes no son mi familia no tengo que reunirme. Ahora, que tratándose de familia pues entonces la cosa cambia. Lo que yo haría en el caso de Thanksgiving o Navidad sería llegar como si nada hubiese pasado, y evitar eso sí, meternos en conversaciones de política. Ya lo pasado, pasado. Ni pido perdón ni que me pidan, porque todo eso se dijo en el momento del calentamiento político”.

Jovana Echeverria, mi asistente, es más clara.

“¿Que acaso este no es el tiempo del perdón? Esta es la oportunidad de olvidar. Uno tiene que estar siempre perdonando. Somos humanos y nos equivocamos en todo, y siempre estamos esperando la calamidad para pedir perdón. ¿Ya para qué entonces? Hay que hacerlo ahora y el día de Gracias es una buena oportunidad”.

Twitter e Instagram: @CollinsOficial. Correo: mariaantonietacollins@yahoo.com.

Reciba acceso digital ilimitado
#TuNoticiaLocal

Pruebe 1 mes por $1

RECLAME SU OFERTA