María Antonieta Collins

Y después de las elecciones, nos dimos la mano otra vez... | Opinión

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Estoy hablando con la productora Cynthia Oviedo quien trabaja siempre conmigo todas mis historias. Entre nosotras es muy raro, y es verdad, que la política ocupe un sitio en nuestras pláticas. A diario nos falta tiempo para lo que tenemos que compartir: generalmente pláticas sobre el sentir humano.

Ambas pensamos lo mismo: no perdemos nuestro tiempo en esas discusiones que no llegan a ningún lado, por tanto, después del día de las elecciones nos quedamos en paz hasta el discurso que nos pidió a todos comenzar a sanar nuestras heridas.

“Gracias a Dios se acabaron esos comerciales de campañas de ataques horribles y creo que ya todos vamos a poder convivir sin tener que estar hablando tanto de política como fueron las últimas semanas, si no que fue el año completo…”.

Jovana mi asistente entra a la plática.

“Ya pasó la elección, pero ahora todo va a estar en la mirilla porque la oposición va a estar viendo al presidente electo no una, sino tres veces en cualquier error, en cualquier cosa”.

Pero cuando le pregunto si las discusiones en familia terminaron con la victoria del presidente electo Joe Biden, ahí la cosa está llena de escepticismo

“En mi casa, Antonio no permite que se le toque el tema. A él no le importa ni la hora ni el tiempo, ni que se acabó la propaganda o que se acabó la elección, simplemente no le toques el tema porque terminamos peleando ya que enseguida se sube al ring. Él está en duelo”.

Otros más, sin lugar a dudas en un duelo, como una conocida que pide anonimato.

“Yo voté republicana, soy muy respetuosa, no me voy a salir a las calles a gritar ni mucho menos, pero estoy llevando mi duelo por dentro. Le deseo al presidente electo lo mejor en sus cuatro años que para mí, repito, serán de un duelo, total y profundo”.

Carmela, siempre enterada de la política –en muchas ocasiones más que cualquiera- intervino de inmediato.

“¿De duelo? ¿Peleándose por el que perdió? Les pregunto: ¿para qué? ¿Acaso no han visto que mientras unos protestan, el presidente sigue jugando golf tan tranquilo en sus campos? ¿Entonces? Nosotros, ¿para que andamos peleándonos?”.

Cierro mis oídos ante comentarios de intolerancia, de vaticinios caóticos, de gente que quiere ver la violencia en las calles y los abro, al igual que mis ojos, a ver que se tiene una mano amiga nuevamente, que podemos sentarnos con los amigos a platicar.

¿Cuál sería la solución? Evitar el revanchismo y el consabido: y ¿ahora qué tal? ¡Ganamos! No, no y otra vez no. Ahora es el tiempo de la reconciliación. De no humillar ni con una simple mención a nuestros amigos, familiares y conocidos por su pensamiento político.

De esta forma, mientras el viernes por la noche un aguacero mojaba nuestro Miami y muchos estaban en las protestas a favor del presidente y otros defendiendo a su contendor yo me avoqué a reunirme con dos amigas muy cercanas de quienes me tuve que distanciar –una de ellas- en los días previos a las elecciones por las posturas radicales que ambas tomaron en las dos direcciones.

Pero resulta que el viernes me dije: a ver, ¿para cuándo vamos a hacer las paces? Y pensé –sin temor a equivocarme que ese era el día, y fue.

Nos sentamos las tres en la mesa, yo siempre lista a entrar de réferi, pero nada sucedió. Las tres entendimos algo: todo lo que pase debe ser por el bien del país. ¿Y si no lo es? Bueno, entonces el voto volverá a hablar.

¿Y saben qué pasó? Que las tres nos volvimos a dar la mano, compartimos una buena copa de vino, y una cena deliciosa.

Y las elecciones y sus resultados quedaron fuera de nuestra amistad y compañerismo.

¿Usted no quiere hacer lo mismo?

Twitter e Instagram: @CollinsOficial. Correo: mariaantonietacollins@yahoo.com.

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