A las personas que reciclan los regalos de Navidad, ¡no lo hagas, te van a pillar! | Opinión
Por la pandemia las historias me llegan por teléfono porque no voy a reuniones.
La voz de ella sonaba desencajada. No puedo dar su nombre porque no se trata de herir a nadie sino de hacer conciencia de lo que no se debe hacer con los regalos de Navidad.
“Estoy furiosa y me siento ofendida por nuestra amiga en común ‘fulanita de tal’ que me ha dicho lo inimaginable sobre el regalo de Navidad que me va a dar… Sé que eres la única persona con quien puedo abrir mi alma y contarte lo que me ha pasado”.
La amiga en común le dijo que tenía un traje de pantalón blanco que nunca se había puesto y que estaba en el closet hacia años todavía con la etiqueta puesta ¡y, que por miedo a la pandemia no iba a ir a ninguna tienda a comprar regalos, así que ese sería su regalo este año!
“Me he quedado con la boca abierta —dice mi amiga— porque, en primer lugar ni ella ni nadie tienen obligación de regalarle a nadie… pero que me regale un vestido que ni ella en muchos años ha querido usar… eso es ofensivo”.
Lo que le estaba sucediendo es que estaba siendo víctima de una de las peores cosas que se hacen en estas fiestas: LOS ROPERAZOS… escrito así con mayúsculas para que se vea. Es decir, el reciclar los regalos que no nos gustan para dárselos a otros y ahorrarnos dinero.
Resulta que la amiga en común es bajita, gorda y el vestido para regalar, de acuerdo a lo que le explicó era de cuando ella ¡era flaca! Además quien me contaba esta historia es delgada y alta.
“¡Imagínate! ¿Cuándo “fulanita” fue flaca? Por lo menos hace 15 años… Pero lo que me duele más son las desconsideraciones de hacer semejante regalo. ¿Cuándo a mí me ha gustado como ella se viste? ¡Nunca! ¡Jamás le he dicho que lleva algo bonito encima porque en realidad lo que ella se pone no es de mi tipo ni de mi gusto! ¡Jamás uso pantalones! ¿Cuándo me ha visto vestida así?”.
Mi interlocutora tenía razón en sentirse ofendida con la persona que le estaba haciendo semejante anuncio de su regalo navideño, especialmente porque es alguien a quien siempre procura, la ayuda en lo que la otra necesita, le dedica tiempo para numerosas peticiones todas las semanas del año. Lo mismo le pide reservaciones de hoteles, que de aviones, que diligencias en oficinas y hasta compras en supermercados y lo peor, compras para evitarse colas en las tiendas que dan todo a un dólar de precio. En fin, que mi amiga le dedica por cariño tiempo y más tiempo.
“Repito y vuelvo a repetir —dice indignada— Fulanita no tiene obligación alguna de regalarme nada, es más, prefiero que no me regale nada a hacerme esta ofensa, porque en verdad, algo viejo y olvidado en un closet que se da como regalo es ofensivo para cualquiera”.
Le pregunto entonces qué fue lo que hizo al escuchar lo que fulanita le decía del obsequio.
“Nada. ¿Qué iba a hacer? ¡Estaba en shock! Por una parte por respeto no quise abrir ni la boca, por otra parte, no solo me tomó por sorpresa sino que me quedé boquiabierta y no supe que hacer más que salir a contártelo”.
Mi consejo a ella es el mismo que doy contra las recicladoras de regalos navideños: ¡háganles saber que ese regalo no es de su gusto y no lo tomen!
La peor parte de esto es que estos avaros de Navidad se salen con la suya reciclando porque no hay quien los detenga en sus intentos. Así que, con toda diplomacia dígales: no, gracias. Es mejor confesar con el corazón en la mano: fulana, fulano, no puedo darte nada esta navidad porque la situación esta mala, a cometer el grave error… y más malo es aceptar lo que no quiere.
Ya lo sabe: si se pone a reciclar… ¡Seguro que lo cachan… y va a quedar muy mal!
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