Tengo la vacuna contra el COVID pero no hay que bajar la guardia | Opinión
Pasé el mismo calvario de miles en la Florida: buscar un sitio donde vacunarme contra el COVID.
Desesperada entraba a cuantos sitios de internet me decían para buscarla.
No pasaba nada. Todo estaba saturado.
Mauricio Zeilic y yo hacíamos la búsqueda cada quien por su lado hasta que Mauricio encontró a uno de los grandes hospitales de la ciudad. El momento de ingresar era únicamente el sitio para pedir cita y la respuesta fue que se comunicarían conmigo. Pasó una semana y por supuesto que de la comunicación nada.
Diana Montano, haciendo un reportaje de los sitios que en realidad estaban ayudando al gobierno con las vacunaciones me hizo el gran favor en un momento de desesperación porque mis esfuerzos parecían inútiles. Fue entonces que vino en mi ayuda quien menos me imaginé, una organización generosa que solo quería ayudar a una adulta de 68 años como yo: la clínica Las Mercedes.
Eric García y Patricia Lahera parte de las clínicas pudieron darme la tranquilidad de poder salir a la calle a trabajar sin tener la preocupación del contagio como lo he venido padeciendo desde marzo del año pasado cuando estalló la pandemia.
Eric, un joven profesional que atiende a decenas de adultos mayores en el proceso se aseguró de que cubriera los requisitos que exige el Departamento de Salud del estado de la Florida que los rige a todos ellos.
“Es la prueba de la edad, prueba de que se reside en esta ciudad en su caso, que no tiene COVID y por supuesto que no lo ha tenido en los últimos tres meses, que no ha recibido en las últimas dos semanas una vacuna de cualquier tipo”.
Llegué a la Clínica Las Mercedes junto con Mauricio, quien estaba descorazonado por la negativa de los sitios oficiales de vacunación. En menos de lo que pensamos fuimos vacunados por personal oficial del estado de la Florida.
¿Qué sentimos? “Absolutamente nada –ni siquiera el pinchazo”, dice Mauricio y con quien comparto opinión”. Son enfermeros profesionales con una gran habilidad para aplicar la vacuna que en nuestro caso fue la de la farmacéutica Moderna.
Patricia Lahera nos daba más datos: “Hay una espera de 15 minutos para poder monitorear cualquier reacción que se pudiera tener. En la puerta de la clínica hay destacada una ambulancia para cualquier emergencia y para poder trasladar a una persona a un hospital”.
En 300 dosis que en promedio aplican tres enfermeros por jornada de vacunación no han registrado un solo contratiempo.
Después, con la certificación escrita de la vacuna, que especifica que estamos inmunizados, adultos mayores a nuestro alrededor decían lo mismo que Silvia Teresa Parra: “Hay que pensar en los miles, más de 200,000, que no llegaron a tiempo para la vacuna porque murieron antes y lo afortunados que somos”.
Para Alejandro Toyo su sentimiento fue descrito con la picardía del cubano: “Yo estoy feliz, vine a vacunarme contento y sabroso, como si fuera a una fiesta y me voy en paz”.
Mauricio y yo salimos de ahí pensando en que nuestras vidas habían cambiado, pero que la lección aprendida era la misma: seguir usando máscara, lavarnos las manos con frecuencia y mantener la distancia social para cuidar este regalo de vida de quien desinteresadamente nos ayudó.
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Esta historia fue publicada originalmente el 18 de enero de 2021, 4:10 p. m..