‘Suelta pero con vacuna’. Tras dos dosis, es una tranquilidad estar inmunizada | Opinión
Si hay una frase cubana que me guste es sin lugar a dudas esa que dice: “Ando suelta y sin vacuna”, que se usa para cuando la gente quiere ir por la vida sin que nada la detenga. Lo que nunca imaginé fue que yo pudiera aplicarme la frase como nunca antes.
Me sucedió hace unos días, para ser más exactos el 8 de febrero, cuando, acompañada de Mauricio Zeilic, el hermano de la vida, y yo fuimos a recibir la segunda dosis de nuestras vacunas contra el COVID-19.
Debo confesar que, si bien la primera vez no tuve ningún pensamiento que se me atravesara, únicamente la necesidad de ser resistentes al mortal virus, en la segunda toma, los rumores de todo tipo se me atravesaban. Por eso es que escribo esta columna. Para que nadie les cuente historias y vea como me fue.
“Qué bueno que te vas a vacunar —me dijo una conocida— después de ver qué te pasa a ti, y si no te sale un ojo en medio de la frente, me voy a vacunar yo”.
Si ese personaje creyó haber dicho algo chistoso, fue lo menos que hizo. Pero le dije que nada malo me pasaría. Y así fue.
Otros más, eran fatalistas.
“Chica, tu veras que dolor de cabeza te da”, o “vas a sentir que se te va la vida del dolor de cuerpo y la fiebre que te ataque”.
“Prepárate con analgésicos a la mano para que de inmediato que te vacunen te los tomes… o te vas a haber arrepentido de no haberlo hecho”.
Las advertencias iban de lo aterrador a lo ridículo.
“¿Y no te da miedo que lo que nos está haciendo el gobierno es controlarnos, inyectando una sustancia para saber de nosotros todos y tenernos en su mano?”, o “ellos te ponen algo que se convierte en un microchip con el tiempo y así saben todo de ti”.
¡No pude más con la ignorancia de las teorías de conspiración!
Exploté contra aquellos y aquellas malintencionados que ignoran el dolor de los familiares del medio millón de víctimas mortales del COVID y le dije a unos cuantos la explicación más sencilla basada en lo que la ciencia dice.
Si en realidad queremos volver a la normalidad o a algo cercano de lo que teníamos antes de marzo del año pasado, las opciones de vacunarnos es lo que tenemos a mano, y hay que aprovechar el privilegio que en este país, con las demoras que haya, podremos estar vacunados para el verano o el otoño próximos. ¿Cómo me fue?
No tuve ninguna reacción. Tuve la bendición de la regla que se observa por todas partes: una vez que se recibe la primera dosis, la segunda está garantizada por el mismo Departamento de Salud.
Por supuesto que me previne con medicina contra el dolor, que no tuve necesidad de utilizar.
No fiebre, no dolor de cuerpo, no problemas en el estómago, no dolor de cabeza. En síntesis: No pasó nada malo. ¿Cómo nos sentimos Mauricio y yo? Cito sus palabras:
“Es una enorme tranquilidad saber que ya estamos vacunados. Saber que podemos hacer nuestra vida, con las limitaciones de la pandemia, pero que con las precauciones de la distancia social, lavarnos las manos constantemente y usando todo el tiempo la máscara, podemos al menos hacer una parte de lo que hacíamos antes de marzo del año pasado, sabiéndonos afortunados y pensando en todos aquellos que se fueron sin tener esta suerte que nosotros, los que hemos sobrevivido cuidándonos, tenemos”.
Pienso en tantos como ese medio millón de hombres y mujeres que se quedaron en el camino y que dejaron sus hogares sumidos con el dolor de esas ausencias y valoro más estar vacunados.
No, no me salió ningún ojo en medio de la frente. Todo lo contrario, aquí voy como dice el refrán cubano: Suelta, con precauciones… y con mí vacuna arriba.
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