María Antonieta Collins

Las luces amarillas siempre sorprenden a los conductores

‘¿Por qué las luces amarillas de los semáforos duran poco?’
‘¿Por qué las luces amarillas de los semáforos duran poco?’ el Nuevo Herald

Víctor Cabrera es un joven lector de este periódico. Tiene 73 años y está jubilado. Se inspiró quizá en mi comentario de hace unas semanas sobre esas glorietas ornamentales que han construido las ciudades por todas partes, y con las que, seguramente, las calles se ven bonitas, y a la par obligan a los conductores a bajar la velocidad en zonas residenciales. Sin embargo, nos hacen la vida “picadillo” porque apenas si cabemos con nuestros vehículos por las calles.

Llevo varias de las llantas de mi vehículo raspadas con el concreto de las glorietas porque apenas si puede una circular por ahí.

En fin, que el buen don Víctor me escribió con una pregunta de tránsito muy válida y sin respuesta, y la misma que seguramente muchos nos hacemos, pero que no podemos ejemplificar como él lo hace aquí.

“¿Por qué las luces amarillas de los semáforos duran poco? ¿Las señales no están diseñadas con el fin de alertar lo que está por venir mientras recorremos las vías? ¿De qué forma nos alerta a cualquier conductor la llegada de la luz amarilla? La respuesta es que no nos alerta. ¿Sabe por qué? Porque esa luz siempre sorprende al conductor. Y los resultados son frenazos inesperados o bruscos acelerones para pasar con esa luz amarilla y no ser sorprendido por la roja. Y, claro, vienen los golpes por detrás o, peor aún, las multas por llevarnos la luz roja. Muchos accidentes y muchas multas se pueden evitar con una sencilla solución que está inventada desde hace más de 40 años y en práctica en muchos países, pero que aquí en Estados Unidos jamás he visto en ninguna ciudad de las que he visitado”.

El explícito Don Víctor expone su teoría: “Mira que fácil: se trata de que la luz verde de los semáforos se encendiera y apagara tres veces antes del cambio a la amarilla; ahí sí que se acabarían las sorpresas, las multas y los accidentes. Claro, no pienso que de inmediato ese cambio de programa se podría aplicar a todas las vías (aunque no estaría de más), pero nuestras autoridades pudieran comenzar por algo: por lo menos por aquellas vías en las que se puede conducir a más de 40 millas por hora y que son muchas”.

Cabrera me cuenta que lleva 26 años manejando en Miami y que en ese tiempo solo ha recibido cuatro tickets de tráfico –dos por su culpa– por exceso de velocidad, al conducir a 45 millas en zonas cuya velocidad límites es 30 y otros dos que, literalmente califica “por gracia de los agentes”.

Especialmente ahora que lleva dos años jubilado, me dice que ha podido observar a los conductores y encontrar al mismo tiempo sugerencias para mejorar el tránsito de nuestra amada ciudad, y sigue explicando: “Hay muchas vías que tienen varias sendas, pero veo pocas en que la senda de la derecha permita virar para hacer derecha sin tener que esperar la luz verde de la esquina. Si las autoridades de tránsito revisaran esto, estoy seguro de que eso ayudaría a que el trafico fuera más fluido”.

Me quedo pensando e imagino gráficamente lo que don Víctor cuenta. No sé si eso de que la medida aún no se pone en práctica en Estados Unidos sea del todo cierta, porque hay sitios donde los semáforos tienen un conteo para que los peatones crucemos de una acera a otra sin peligro de ser atropellados. De cualquier forma, de que las luces amarillas debieran servir mejor para que las verdes se programen con más eficiencia, es una buena sugerencia que ahorraría dolores de cabeza. Aunque dejaría a las ciudades sin el dinero de los “tickets” que ahora tenemos que pagar por eso. • 

mariaantonietacollins @yahoo.com

@CollinsOficial

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