María Antonieta Collins

De vuelta a casa nueve años después… | Opinión

En el año 2012 Elizabeth Leiva, una maquillista de profesión y amante de los animales de corazón adoptó en el refugio de Miami-Dade a una perrita con la que tuvo de inmediato una conexión al verla: se trataba de una Chihuahua pequeñita a la que bautizaron en el mismo refugio con el nombre de “Chiqui”.

Tenía tres meses de nacida cuando la llevó a su casa. Elizabeth era feliz, pero esa felicidad le duró poco…

“Tendría tres semanas con ella cuando un día al irme al trabajo y sin que yo me diera cuenta, al ver la puerta entreabierta mientras yo sacaba cosas para el auto, ‘Chiqui’ se fue sin que nadie nos diéramos cuenta. Al notar que no estaba comenzaron semanas enteras buscándola por todas partes, poniendo avisos por todas las esquinas, gritando su nombre por calles y calles… parecía que la tierra se había tragado a mi perrita”.

Elizabeth poco a poco fue perdiendo la esperanza de encontrarla… y el tiempo pasó, pero el recuerdo de “Chiqui” estaba siempre presente con dolor.

“Me preguntaba: ¿Cómo estará? ¿Vivirá o quizá alguien la arrolló y se murió? Si está viva, ¿está bien? ¿Cómo la trataran? Aquí era una reina”.

La desolación por la pérdida fue peor porque nunca tuvo respuesta a sus preguntas y más nunca supo de ella… hasta que hace unos días recibió una llamada.

“Me dijeron: ¿Eres Elizabeth Leiva? Les dije que sí, y ellos dijeron: llamamos del Animal Control de Miami-Dade porque “Chiqui” ¡estaba ahí!... Yo no podía creerlo y les dije que, ¿cómo era eso posible si habían pasado 9 años?”.

Viviana Andrade del Albergue de Animales de Miami-Dade dice que la diferencia en que “Chiqui” haya podido regresar a su hogar original lo hizo el microchip que se les instala a las mascotas que son rescatadas.

“El microchip es la mejor cosa del mundo para las mascotas que se pierden. Se implanta en el hombro, pero no es lo único, y es muy importante que después del proceso se registre ese microchip en la computadora, así, si la mascota se pierde, en cualquier sitio donde le pasen el aparato, como son los albergues —en el nuestro es obligatorio— podemos localizar el microchip, buscar en la computadora y encontrar los padres como buscamos a la mamá de “Chiqui”.

¡Esa fue la clave para que obrara un milagro moderno! Algo que no todos los dueños de mascotas hacen: llenar toda la información para registrar el microchip, de otra forma, no contiene ningún dato y la mascota queda a merced de su triste destino.

Volviendo a Elizabeth el reencuentro fue agridulce porque la perrita tenía signos de haber sufrido abuso durante años.

“Ella estaba asustadita en una esquinita, desnutrida, nada, flaquísima la pobre. Le faltan dientes y los pocos que tiene están negros de suciedad. Cuando la cargo le duele mucho el pecho, la tengo que agarrar por el vientre porque si la agarro por los brazos empieza a gritar, gritar horriblemente, y lo peor ¡que la hacían comer en el piso! Me di cuenta porque no come en su plato, sino hasta que se le pone en el suelo, lo que habla de abuso”.

En plena Semana Santa que “Chiqui” y Elizabeth vuelvan a estar juntas es un milagroso reencuentro. Ahora, esta ancianita perruna vivirá su último tiempo de vida, siendo la reina de una casa que nueve años esperó por ella.

Siga a María Antonieta Collins en Twitter e Instagram: @CollinsOficial. Correo: mariaantonietacollins@yahoo.com.

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