Un segundo camino a Santiago de Compostela | Opinión
Los últimos 10 kilómetros —poco más de cinco millas— a la entrada de la medieval ciudad de Compostela fueron un martirio. El día anterior mientras llegábamos a la penúltima meta, el ligamento lateral de la pierna derecha comenzó a darme un dolor que lejos de aminorar aumentaba. Con el cansancio y el entusiasmo porque al día siguiente sería la ansiada llegada a la meta en la catedral gallega, el dolor pareció haber desaparecido.
Pero al día siguiente apenas iniciar el recorrido las cosas iban mal y a partir de ahí, y los últimos kilómetros ya eran casi arrastrando la pierna, que finalmente me permitió llegar a la meta idealizada.
Fue un largo recorrido no solo físico sino espiritual y mental donde literalmente a cada paso pueden surgir las piedras en el camino. Pero como el camino es comparable a la vida, la meta era el gran sueño con el que dormíamos y amanecíamos y donde no importa cuántas veces caigas, sino cuantas te repones y sigues adelante a pesar de todo.
No podría decir “sorry, que no puedo”, la palabra renunciar no es parte del vocabulario del peregrino que inicia esa jornada.
Desde febrero pasado luego de estar totalmente vacunada, la idea de las vacaciones que esperaban desde el año pasado seguía rondando por mi cabeza. Día a día revisaba las noticias que llegaban de España que se encontraba cerrada al turismo y por supuesto que con eso estaba también El Camino de Santiago en Galicia, la sede de mi peregrinación.
De pronto, junto a la productora Yvanna Jijena decidí que era el momento de pensar en realizar el viaje y por tanto comprar los boletos y así lo hicimos.
Hablaba a menudo con mi amigo Jesús Manuel Ramírez Ortega, —chihuahuense que vive en Madrid— y quien tiene una tienda de souvenirs y que por tanto sabe, los tiempos de cuando abriría el país y sobre todo y más importante: cuando estaría la población vacunada en un número que fuese aceptable para controlar la pandemia.
“Yo pienso que para mayo o junio las cosas estarán bien porque en abril comenzarán en masa las vacunaciones a mayores de edad”. Gracias a Jesús Manuel la fecha entonces sería para los primeros tres días de julio y así fue.
El Camino de Santiago se nos mostró casi para nosotros, los pocos extranjeros en hacerlo ahora, cuando el turismo es solo local, abriendo apenas los locales. Antes, en 2019 el camino siempre estaba lleno de peregrinos por todas partes. Daba tristeza ver los sitios que ya no están, pero que tienen la promesa de volver.
Como todo, el Camino también sufrió la gran caída, no hay quien recuerde un solo año, en cientos de años, donde todo fuera silencio, sin un solo peregrino circulando como sucedió hasta el 21 de junio de 2021, pero también hay quien tiene la viva esperanza de que las cosas volverán a renacer.
Llegamos a un hotel en Melide donde Yvanna y yo éramos las únicas extranjeras en el sitio, y donde ojos llenos sufrimiento nos veían rogando sin rogar, para hacer al mundo el relato que muestre que la vida ha retornado al sitio donde el peregrino es la joya de la corona.
Al entrar en aquellas escaleras del medioevo el dolor me dio tregua y pude gritar una y mil veces: ¡Lo hice! ¡Lo hicimos! Efrén González, el trotamundos cubano con cinco Caminos recorridos, Li Tai Zamora, la venezolana que se nos unió, Yvanna y yo habíamos logrado cada quien el momento más esperado que se coronó con lo ganado: Yvanna sabiendo que había vencido viejos miedos, Li Tai encontrando que puede vivir en forma más sencilla, Efrén emocionándose a pesar de haber hecho la odisea varias veces y yo, habiendo vencido al dolor que amenazaba terminar con mi meta más cercana.
El Camino de Santiago por ahora ya quedó en algo cumplido, pero al igual que la vida, es el campo abierto para la próxima meta. No me queda más que hacer eco de la frase más bella que alguien me puede desear y que se la deseo a usted que me lee: ¡Que tenga Buen Camino! Y ¡hasta el próximo!
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