Valentina, una diva perruna ‘influencer’ | Opinión
No me di cuenta cuando sucedió, pero lo cierto es que pasó.
La veo sentada sobre el brazo del sofá del family room, con su piel leonada, brillosa y sus enormes ojos que miran fijamente como diciendo al estilo de Greta Garbo: “leave me alone!” (¡déjame en paz!).
Hoy es una diva perruna. Más claro, el centro de una perronovela que yo he creado en Instagram tomándole videos de sus malacrianzas hacia “Oreo” otro perro rescatado de las calles y que es un ser noble a quien ella le quita sus juguetes a pesar de que ambos tienen los suyos.
Valentina es alguien diferente a lo que fue hasta hace unos años, dos para ser más exactos, cuando era únicamente una perrita a punto de morir en las calles de Ecatepec, en México un 14 de febrero, día de la misa que el Papa Francisco dio durante su visita a una ciudad peligrosa cerca de la capital mexicana, y donde deambulaba hambrienta y sedienta buscando un pedazo de comida y un poco de agua para sobrevivir.
Flaca, con los huesos de fuera, era una cachorrita de escasos 10 meses de edad cuando se acercó al equipo de Univision que trabajaba ahí en la transmisión y que de inmediato le compraron un pedazo de pollo, y le pusieron agua, enamorados de su presencia.
Ella guardó la comida de inmediato bajo un sofá y se quedó ahí, en un sitio calientito entre los equipos donde se resguardó del frío un momento para dormir. Se sentía protegida y a salvo.
El periodista Enrique Acevedo y el camarógrafo Andres Sanchez decidieron salvarla y buscarle donde fuera un hogar. No la dejaron abandonada cuando la transmisión terminó y el sitio quedó desierto. En una caja de cartón la subieron a su vehículo para llevársela a la capital donde la encomendaron a la que era su chofer esos días, una bondadosa joven llamada Minerva Hernandez, quien luego de salvarla del moquillo y el distemper -enfermedades que usualmente matan a cualquier canino- y que no sucedió así porque Enrique Acevedo pago los costos del veterinario.
Por esos días, mi amada “Guera Collins” también rescatada por mi amiga Gabriela Tristan, se había ido al cielo de los perritos y estábamos devastados cuando Acevedo me dio la noticia.
“La perrita, Valentina -porque fue encontrada el día de San Valentín- llegó ya y mañana te la llevaremos mi esposa y yo a tu casa”.
Y así fue. Valentina llegó a un hogar ya compartido por “CJ” -recogido de las calles de Ciudad Juarez, México y por “Oreo” de las calles de Miami. De inmediato hizo sentir su femenino poder. Era el ladrido y la actitud de ella los que de inmediato dominaron la que era ya su nueva casa.
Después se hizo compañera inseparable de Jovana y Carmela quienes en mi ausencia y todos los días, la atienden y le cuidan sus malacrianzas. Jovana no me perdona que en mi postal navideña haya sido la foto de “Oreo” la escogida para desear buenas cosas para el 2018 y no la de su adorada Valentina. “Que pecao, pero voy a procurar tomarle yo una foto a Vale para que sea la de este año”. De ahí al estrellato. Cuando subo un video mío haciendo ejercicio, usualmente con el favor del público el promedio es de unos 6,000, 8,000 vistas. Apenas subo un nuevo capítulo de la perronovela donde Valentina es la protagonista… fácilmente sobrepasa los 10,000. Es una “influencer” dirían los milenios, en realidad es el personaje a quien le escriben cientos de mis seguidores, amándola y felicitándole por ese egoísta comportamiento de gruñir y quitarle a sus hermanitos-perros sus huesos de juguete.
De la calle muriendo de hambre a diva ha sido un paso: solo hubo que rescatarla. Lo demás es ella, una “influencer” canina y yo, su orgullosa mamá.
Siga a María Antonieta Collins en Twitter e Instagram: @CollinsOficial. Correo: mariaantonietacollins@yahoo.com.