María Antonieta Collins

Estamos a tiempo para evitar la depresión de Halloween | Opinión

Me ha sucedido en los últimos cinco años. Estoy en el supermercado que ya está lleno de adornos y dulces de Halloween y en casa me dicen lo mismo:

“Ni se te ocurra comprar caramelos, que ya viste lo que nos pasó el año pasado… que ya no vino ningún niño. ¡Y luego ni qué hacer con las bolsas inmensas de dulces que quedan ahí”.

Recuerdo que entonces les dije que tenían una muy mala lengua, y que eso no sería así, y compré la mitad de lo que en otros años había comprado. ¿Y qué sucedió?

Que la pérfida lengua de la casa acertó. Que las bolsas de dulces en las bandejas de fiesta de brujas quedaron esperando por todos aquellos que se van a los malls en vez de las casas.

No soy la única con la queja ni la única que gastó dinero en 15 bolsas de dulces y se quedó esperando, y que desde entonces tiene el síndrome de la “Depresión Post-Halloween”.

“Vinieron dos o tres chiquitos”, me dice otra afectada como yo. Pero en realidad, ¿quién tiene la culpa que cada día vaya extinguiéndose esa tradición que nos hacía divertirnos y que era ir con los hijos, nietos, sobrinos, casa por casa pidiendo el “Trick or Treat?”.

¡Pues los mismos padres! Que son los que los llevan a los malls, donde, a fin de cuentas, solo les dan uno o dos caramelos o chocolates a cada niño porque son tantos los que van y no quieren gastar mucho en caramelos. Los niños no van solos. Los niños no manejan. Entonces, ¿quién los lleva?”.

Estoy en esta disertación cuando me llama otra amiga para contarme la otra cara de la moneda que ella y su hija vivieron.

“En el 2019 mi hija y yo estábamos felices porque nos mudamos a una zona donde no hay edificios sino casas. Ella pensó: ‘acá sí que haremos un Halloween y nos llevaremos todos los caramelos del mundo’. Llegó ese día y como siempre, en familia, todos nosotros disfrazados con los niños salimos por el barrio, caminando casa por casa, con esas enormes y bellas mansiones que tienen parqueados los autos de las marcas más caras en sus entradas, pero ¡qué decepción! Casi nadie abría la puerta y solo en algunas casas habían dejado una cesta con caramelos en la entrada. Los niños nos preguntaban: ‘pero ¿qué pasa que las personas no nos abren, nos dejan afuera los caramelos?’. Les dijimos que era para que cada uno tomara lo que quisiera. Lo peor era que en algunas casas, ya otros se habían llevado los caramelos y no quedaba ninguno para nuestros niños”.

Es una moderna forma de hacer la fiesta, le digo.

“Si. Es como los mensajes de texto, este en Halloween bien dice: ‘afuera están los caramelos, no molesten’ ”.

Lo peor vino después, me cuenta la madre con depresión de Halloween.

“Llegamos a otra mansión y vino la otra gran sorpresa más tarde cuando estábamos revisando y contando para ver quién tenía más caramelos y, ¡había caramelos con hormigas y caramelos viejos, con el papel totalmente pegado que los delataba! Seguramente son los que les sobraron del año pasado y que guardaron para ahora. Los mayores nos miramos y dijimos a coro: ¡ya esto es el colmo!”.

Muchos caramelos tenían hormigas porque las cestas estaban afuera, en las puertas de las casas de manera que los primeros en llegar por ellos fueron, ¡las hormigas de los jardines!

“En fin”, concluye mi amiga, “que fue un Halloween para recordar, digo, ¡para mal-recordar!”.

Saque usted su conclusión y habrá que ver como es este Halloween, después de la pandemia, pero si tiene una sugerencia por favor, envíamela que la necesito antes del Halloween de este 2021.

Siga a María Antonieta Collins en Twitter e Instagram: @CollinsOficial. Correo: mariaantonietacollins@yahoo.com.

Esta historia fue publicada originalmente el 4 de octubre de 2021, 4:57 p. m..

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