María Antonieta Collins

¡Quédense con su medicina!

Seguramente que a usted le ha pasado lo mismo. Sucede que se encuentra usted viendo la televisión por la mañana –durante los noticieros y casi siempre por la mañana– y se topa con varios tipos de comerciales que anuncian medicinas: para la artritis, para el asma o para la artrosis muscular y todos tienen el mismo prototipo de modelo: hombres y mujeres risueños, maduros, que hacen ejercicio felices, o cortan vegetales, o amanecen con unas ganas enormes de ir a hacer sus tareas diarias, porque no sienten dolor alguno. Y, al mismo tiempo que siguen ese patrón, dicen en el caso de la medicina para el reumatismo –algo que sucede con todas las demás–. “Hasta hace poco, apenas si podía moverme, la artritis que padezco me estaba acabando la vida; pero hoy todo es distinto, hago todo sin dolor alguno y más aún, estoy disfrutando de cada cosa que puedo hacer sin problemas y con felicidad en este momento de mi vida”.

En este punto, ve a la mujer-modelo, una señora de nuestra edad que camina derechita por un vecindario precioso o por la orilla de una playa; segundos después, está en el interior de su cocina de lo más contenta, abriendo latas para preparar la comida. Todo iluminado por una sonrisa de felicidad, cuando, segundos antes, en una imagen de comparación la mostraban adolorida tocándose las manos o el cuello, con ese clásico dolor de quien sufre de reumatismo en cualquiera de sus etapas, donde apenas si pueden hacer los más básicos movimientos para realizar las actividades normales cuando la enfermedad ataca…

Y en ese momento, ¿qué sucede? Que una dice: ¡hay que ver esto, porque esa de los dolores soy yooo! Pongo atención al anuncio, para pedirla de inmediato a mi médico, cuando la voz del locutor se torna seria y empieza una perorata muy diferente:

“Tomar esta medicina no es para todas las personas. Puede provocar trombosis, paro respiratorio, daño al hígado y a los pulmones. También podría ocasionar paro cardíaco, presión arterial elevada, derrames cerebrales. Se han reportado casos en que se ha presentado ceguera y problemas renales severos; también sentimientos de suicidio”.

Resulta que los síntomas terribles que narra la voz son tan lúgubres y suenan más funestos todavía porque esta parte del comercial es mucho más larga –en verdad larguísima– en comparación con los segundos donde se hablaba de las bondades de la medicina.

Pero el anuncio continúa con la negra prevención en la voz del locutor del comercial: “El cuerpo puede también perder la habilidad de luchar contra las infecciones, porque afecta el sistema inmunológico. Hay casos de neumonía asociados con el medicamento. Al menor síntoma de fiebre o sangrado diríjase a la emergencia de un hospital”.

Ahora hay medicamentos por lo menos de cuatro o cinco tipos, todos para enfermedades que nos atacan a todos, especialmente después de los 50 años de edad. Y por eso siempre creemos que hay la cura para esos achaques que dan después de cierta edad.

Lo mejor de todo es el vaivén de sentimientos. Sí, porque terminadas las funestas profecías para quien se atreva a probar la anunciada pastillita, el locutor suaviza la voz; y, en ese momento, la sonrisa de los modelos es más palpable. Ese es el momento en que el locutor remata diciendo:

“Pregunte a su médico si este medicamento es el indicado para usted”. Por eso, reflexioné y me pregunté: “¿Para mí? ¿Afrontar todas esas consecuencias solo para quitarme el dolor de la artritis? ¡No, por favor! Yo solo quería sentirme bien, pero no a ese precio, así que... ¡Quédense con su medicina! ¡A ver quién se la toma! Pero esta que escribe… ¡No!” • 

mariaantonietacollins @yahoo.com

@CollinsOficial

  Comentarios