María Antonieta Collins

Entre ángeles y demonios

El inesperado instante en que Evo Morales le dio a Francisco una réplica del crucifijo de madera tallada, cuyo original creara el asesinado jesuita Luis Espinal; la cruz descansa sobre una hoz y un martillo.
El inesperado instante en que Evo Morales le dio a Francisco una réplica del crucifijo de madera tallada, cuyo original creara el asesinado jesuita Luis Espinal; la cruz descansa sobre una hoz y un martillo. AP

Mientras descendía bajo tierra una altura similar a la de un edificio de tres pisos dentro del túnel por el que escapó Joaquín el Chapo Guzmán me di cuenta de que, lo que había comenzado para mí en forma sacra, estaba terminando muy terrenalmente.

Alguien dijo que las mejores historias de un reportero son las que quedan fuera de la nota al aire, y que esas son dignas de contar porque son más interesantes que la nota misma. Eso mismo he vivido en las últimas tres semanas, cuando literalmente he viajado de lo divino a lo terrenal y se los quiero contar.

Era el 3 de julio pasado cuando, en compañía de la productora Arianna Requena y del camarógrafo Juan Carlos Guzmán, partimos como parte de la extensa cobertura que Noticias Univisión dio a la gira del Papa Francisco por Ecuador, Bolivia y Paraguay.

Si intenso había sido el tiempo entre Quito y Guayaquil, nada se comparaba a la conflictiva visita a Bolivia amenazada por la altura y por los sorpresivos actos del presidente Evo Morales quien nada más ver al Papa descender de la escalerilla del avión le colgó de inmediato una “chuspa” (una pequeña bolsa que los nativos cargan con hojas de coca para poder lidiar con la altura de más de cuatro metros sobre el nivel del mar en La Paz y sus alrededores).

Más tarde, el inesperado instante en que Evo Morales le dio a Francisco un crucifijo de madera tallada (réplica del que creara el jesuita Luis Espinal, torturado y asesinado por paramilitares en La Paz). La cruz descansa sobre una hoz y un martillo, símbolos del comunismo. Las sorpresas siguieron en Paraguay, donde, en el santuario de Caacupé, el agotado Papa tuvo que tomar un respiro de unos minutos para seguir adelante con las celebraciones. Eso desató especulaciones sobre su salud, algo que preocupó a muchos. Así nos fuimos a dormir los periodistas que nos alistamos para vivir el domingo 12 la última jornada del Papa en Latinoamérica que habría de iniciar a las 5 a.m.

A las 2 a.m., la puerta de mi habitación fue literalmente sacudida por los golpes que daba la productora Requena quien me disparó una frase que casi me paraliza el corazón:

“¡Se acabó el Papa!”. Sentí que el corazón se me paralizaba. “¿Se murió Francisco?”, respondí.

“No –gritaba como loca Arianna–. ¡Se escapó de la prisión el Chapo Guzmán y me ordenan que te ponga en un avión a México ahora mismo! En dos horas sale uno que llega a la capital justo para que salgas al aire” Seguramente no hay sitio para mí y tendrán que irse solos”. Y así fue.

Lo demás fue una locura. Junto al camarógrafo Guzmán hice los trasbordos, rebotando por todo el cono sur para, finalmente, salir al aire en el estudio de la Ciudad de México como si nada. Habíamos cambiado geografía y sintonía y, además, cubríamos ahora la fuga más increíble que ha ocurrido en una cárcel de México. Con el transcurso del tiempo el asunto se tornaba más surrealista y, de pronto, cinco días después de la huida, la oportunidad dorada: entrar a la base del túnel de casi una milla, cavado a 30 pies de profundidad.

Cerré los ojos para evitar ver, hacia abajo, aquel oscuro agujero que podía costarme la vida si el vértigo ganaba. No podía mirar hacia arriba, porque la arena que caía producía ceguera momentánea y no había brazo libre para poder restregarse los ojos. Así que me así fuertemente a la madera, como un mono. Guzmán y yo y bajamos y caminamos después dentro de aquel oscuro pasadizo, húmedo, remojado por la lluvia y donde, a medida que avanzábamos se dificultaba más y más respirar.

Tuve noción entonces de que habían quedado guardadas las frases para la despedida del Papa Francisco –seguramente para usar en el viaje a Estados Unidos y Cuba– y que aquello tenía que ver más bien con todo lo opuesto a lo divino. Llámese infierno o como quieran llamarle.• 

mariaantonietacollins @yahoo.com

@CollinsOficial

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